VELANDO ARMAS
Callan los mítines después del fin de semana. La campaña vive de debates. Ha pasado una semana desde el último y aquí estamos otra vez: Rajoy en casa con los niños, y Zapatero en La Moncloa. El postulante socialista repetirá guardia pretoriana. Y la incógnita es si Rajoy llevará a aquel amigo de la infancia y de alguna noche golfa que le acompañó en su primer envite.
Horas antes han hablado del agua, viejo problema, nunca resuelto en España, desde los regeneracionistas de Joaquín Costa. Rajoy promete las obras del "pacto del agua" con Aragón, regadíos para Valencia´, Murcia y Andalucía, y mantener el nivel ecológico para el delta del Ebro. Ni que el río nacional de todas las disputas fuera el Mississippi. No lo es, y no da para tanto, y las cuentas no salen, ¿cómo van a salir las cuencas?
Al otro lado, Zapatero promete "no hacer", pero no dice lo que hará. La solución del agua desalada en Almería y transportada a Barcelona no se le ocurre ni a Pepe Gotera. Es cara, contamina, y es un disparate que las regiones más pobres y desérticas, envíen agua a las que hasta ahora no han tenido problema. Es como si compráramos el agua embotellada en Arabia Saudí. Eso sí, a precio de crudo.
La campaña ha caminado por el disparate, por el exabrupto, por el ex presidente utilizado como bate de béisbol (el caso González) o como atrevido que dice lo que el candidato no puede decir (caso Aznar). Hoy es el turno de las propuestas. Si no salen, la participación caerá en picado. Si aparecen, se verá quién tiene más crédito ante la opinión pública. Pero con ideas de bombero o negativas "por encima de mi cadáver" no vamos a ningún sitio.