EL SILENCIO, ANTES DEL DUELO.
De repente la nada. Parece como si a los partidos se les hubiera agotado la ferretería, el bricolage de propuestas con el que han amueblado el piso de la campaña. Bueno, algunos han desamueblado a golpe de embargo. La idea del PP de difundir un video en el que la familia asiste atónica a la incautación de sus bienes muebles es genial, genialmente cómica. Pero ideas, ninguna. Ni a un lado, ni al otro. ¿Qué pasa?
Les cuento mi impresión. Los dos se reservan el pescado para el debate. Los dos van a pelear por hacerse con el titular del día siguiente en la prensa. Quien gane dominará el patio durante una semana. Los dos van a sacar conejos de la chistera. El más gordo y lucido triunfará en el control del relato. Vamos a ver propuestas estrellas.
Pero antes hay que ver los puntos débiles de cada uno. Zapatero llega a la campaña con el discurso agotado. Ha vuelto a sacar a Bush, que hoy ya no es nadie. Ha vuelto a recordar Irak, síntoma grave de miedo en el Psoe, de fracaso ante el intento de movilizar a los suyos. No puede. Ha gastado toda la munición, y se le ve cansado, irritado e indeciso. Anoche recordó que fue firme con Bush, pero ¿y con Eta?. Eso se lo preguntaban en la hoguera a la que me fui a calentar, ya entrada la madrugada. Y los canallas torcían el gesto. Eso decían mientras avivaban el fuego con la portada de El Mundo, que es un diario que trae fuego incorporado.
Al otro lado, Rajoy está crecido. En sus últimas entrevistas ha conectado con la opinión pública, ha sido directo, y busca el voto de las clases bajas. Ahora ya se cree que puede ganar, y eso en un candidato es muy importante. Su debilidad: su perfil mitinero es nulo, su retórica no aguanta un auditorio grande. Pero su marca, la de su partido, es más fuerte que él mismo y ha tocado el corazón del votante de la izquierda.
Corre por España la idea del vuelco electoral. Hasta Aguirre y Gallardón, con ese beso del lunes, intentan llevarse bien, no vaya a ser que gane Mariano.