Cómo me gustaría que hubiese sido Circus
Circus es un reality nuevo que han estrenado en
Cuatro a la misma hora que
Fama ¡A bailar! y en el que concursantes anónimos luchan entre ellos por conseguir ser unos reputados artistas circenses. Lo explico así porque, como este reality no lo ve ni el tato (un 5% de audiencia es comparable a lo que consigue un documental sobre la anatomía del escarabajo pelotero), pues al menos que sepáis de lo que hablo.
El caso es que este programa, adaptado por mis amigos de
Zeppelin, era en su origen un reality en el que un nutrido grupo famosos (OMG) se dedicaban a hacer monerías en una carpa de circo para gozo y deleite del respetable, es decir, nosotros. Pero en
España, que somos así de majos, se ha decidido que hacer concursar a famosos no era necesario habiendo tantos perriflautis por nuestras aceras haciendo malabares con litronas.

Es en este momento en el que salgo por la ventana y grito a los cuatro vientos: ¡craso error! Y sólo hace falta mirar las audiencias diarias para ver que la cosa no funciona. Es aquí donde este
Lunny revela cómo le hubiese gustado que fuese
Circus.
Lo primero y primordial, que hubiesen famosos. ¿Os imagináis –por ejemplo– a cualquiera de los participantes de
¡Mira Quién Baila! dando vueltas sin cesar montados en un trapecio? ¿Visualizáis como yo a
Terelu Campos intentado domar un león? ¿Y a
José Ortega Cano haciendo funambulismo sin red? Mucho mejor que verles bailar un cha-cha-chá, donde vamos a parar…
Lo segundo sería dejarse de tanto
Cirque du Soleil y tanta tontería para volver a lo que ha sido siempre el circo en nuestro país: con sus deprimentes payasos, sus contorsionistas chinas, su maestro de ceremonias normalmente extranjero, sus arriesgados acróbatas, sus domadores de pelo en pecho y sus fieras. Porque ver a la gente aprender a hacer coreografías acrobáticas está muy bien, pero… ¿no molaría más formar a alguien como
Ana Obregón en el noble arte de domar un elefante?
Bárbara Rey podría ser una de las profesoras y, con eso, ya tendríamos el cupo de petardeo más que cubierto.
Otro detalle: para un reality de sobremesa necesitamos movimiento, excitación, baile, despiporre y mucho (pero que mucho) frenesí corporal. Y eso es algo que no encontramos en
Circus. Porque, qué queréis que os diga, ver a cuatro tíos dando vueltas colgados de una cuerda con música de
Enya mientras intento digerir unas carrilleras de cerdo con reducción de
Pedro Ximénez es lo más cercano a ponerme en la cara un pañuelo impregnado en cloroformo. Queremos vidilla y gresca, coreografías hot al estilo de las de
Rafa Méndez, cuerpos sudorosos en ropajes sexys, pelos en la cara e insinuaciones sexuales al ritmo de lo mejor del r’n b y el pop internacional.
Yo esperaba encontrarme con el mayor espectáculo del mundo, con el payaso listo y el payaso tonto, con el elefante sobre el que se suben los niños, con un ligre… y sólo me he encontrado con un grupo de veinte aspirantes a entrar en el
Circo del Sol capitaneados por un puñado de profesores ariscos y una irritante
Almudena Cid. Mi tocayo y paisano
Josep Lobató intenta con todas sus fuerzas que la broma sea interesante pero, cari, hay cosas que no tienen solución.
Porque estrenar un Circus a la vez que vuelve
Factor X o el maravilloso
Gran Hermano es más arriesgado que confiar en que
Amy Winehouse cambie el
Jack Daniels por una botella de
Font Vella. Porque la hora de la siesta en
Cuatro es sólo para
Fama ¡A bailar! Porque queríamos encontrar al nuevo
Ángel Cristo y lo máximo que veremos será una final precipitada por la pobre aceptación de la audiencia. Por cierto, quedan tres días para
Gran Hermano.
- La noticia del día: ALEGRÍA: A
Luján Argüelles le han dado un reality.
- Para llorar un poco: DRAMA: Un coyote mata a los dos perretes de
Paris Hilton.
- Evento del día: Por si nadie más se ha dado cuenta, desde aquí homenajeo a
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