Tratamientos televisivos II: Frikis de principios de década
Eran tiempos felices en los que no sabíamos qué leches era el
iPod, ya teníamos suficientes problemas en saber lo que era una web como para comprender el significado de la web 2.0,
Rosa López era una chica gordita que vendía pollos en un pueblo grandino,
Madonna aún no se había vuelto discotequera, nuestros móviles no eran 3G ni falta que nos hacía,
Britney Spears aún no le arreaba paraguazos a los paparazzis,
Isabel Pantoja no estaba con
Julián Muñoz y
Amy Winehouse acababa de probar su primer porro. Eran el comienzo de la década de los 2000 (¿se llama así? ¿hay consenso ya sobre cómo llamamos a esta confusa década?) y
Telecinco introdujo un par de cambios en su parrilla que marcarían para siempre el devenir de los españoles durante estos últimos diez años:
Crónicas Marcianas y los
realities.
Yola Berrocal, Marta López, Montse Páez, Dinio García, Iñigo González, Tamara, Nuria Bermúdez, Sonia Monroy, Nube, Estíbaliz Sanz, Malena Gracia, Noemí Ungría, Rodríguez Menéndez, Raquel Morillas, Leonardo Dantés, Loly Álvarez, Tony Genil, Aramís Fuster y demás fauna poblaban nuestros televisores desde la mañana a la noche como si de parásitos se tratase. Su génesis solía ser la siguiente: Se acostaban (o hacían ver que se acostaban) con un famoso y llamaban al
Tomate para contarlo. En cámara decían cuatro cositas, las más obvias y nimias, y se guardaban lo más truculento para próximos programas en los que, con un suculento cheque bajo el brazo, lo largarían todo. O bien aparecían en
Gran Hermano, la liaban bien gorda y, al salir, acometían contra sus ex compañeros sin ningún tipo de pudor y con altas dosis de mala leche.
Tras esto, el glamour de tercera comenzaba a rodearles: a una tía que había rozado su muslo contra
Marc Ostarcevic y lo había contado en
Crónicas Marcianas diciendo que el ex de
Norma Duval le había prometido un piso si la joven en cuestión le hacía sonrojantes prácticas sexuales le ponían un representante y le hinchaban las tetas. Todo ello, para poderla pasear por cuantas más fiestas fuese posible (a ser posible, en sitios de mucho nivel como discotecas de pueblo o tugurios marbellas) y conseguir liarla con –por ejemplo-
Dinio García. Y cuando llegaban todas a ese estatus, ver
Crónicas Marcianas era cada vez más eso: un observatorio fidedigno de criaturas que se nos antojaban completamente extraterrestres.
La apoteosis del cutrerío y de los frikis televisivos llegó cuando a
Telecinco y a
Gestmusic se les ocurrió rizar el rizo y emitir el mejor reality de la historia de la televisión ever:
Hotel Glam. Porque juntar a esa gente en un programa de televisión y podernos deleitar las veinticuatro horas con sus idas de olla no tenía precio. Los programas hablaban de ellos sin cesar, los paseaban por todos los platós posibles, se inventaban historias rocambolescas en las que lo más suave era decir que su antaño mejor amiga es más mala que un herpes genital y hacían lo indecible para seguir acaparando tiempo en la televisión de entonces.
Ahora, todos ellos se han extinguido o viven momentos de decadencia más tristes que el de
Nadiuska y
Eva Nasarre juntas: ¿Dónde está
Montse Páez, esa especie de engendro con el que supuestamente
Ricardo Bofill le puso los cuernos a
Paulina “palabrash” Rubio? ¿Andandará
Estíbaliz Sanz, de quien lo último que sabemos era que se metía más mierda en el cuerpo que la morena de
2 Girls 1 Cup? ¿Qué es de mi adorada
Nube de
Confianza Ciega? ¿Dónde está
Prado, la prima dentuda de
Yola Berrocal que llegó a grabar una canción con la fundadora del
YIL? ¿Dónde estás, cari?
- La noticia del día: TVE y la
Forta arrebatan a
Antena 3 los derechos de la
Champions en abierto hasta 2012.
- Para llorar un poco: La ex mujer de
Stallone se opera en directo en la tele.
- Evento del finde: Decogarden, que me encanta.
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