Crónica de la gala 13
Nadie me lo ha pedido y es la primera que hago de esta edición de
OT 2008, así que ya tenéis más motivos para leerla con todo el delirio y fruición que se merece. Mencioné hace un tiempo que servidor iba a las galas a hacer de reportero cámara en mano, ¿recordáis? Pues ya podéis olvidarlo, porque dejé de emular a
Paqui Peña a la segunda semana de asistir a tan magno plató micro en mano. ¿Por qué? Ni yo mismo me acuerdo. El caso es que lo que durante esas tres semanitas veía desde el backstage mientras me zampaba un bocata de catering en cada pausa publicitaria, ahora lo veo desde el salón de mi casa cómodamente echado en el sofá y sin zampar como una cerda. Y ahora, con la serenidad y el criterio que le otorga a uno el calor de su hogar y de los mosquitos que en él abundan (esa historia ya os la contaré otro día), me dispongo a relataros aquí mis impresiones sobre la gala de anoche. Con un par.

La primera en agarrar el micro e interrumpir los anuncios de
BlueBBVA fue
Sandra, la peluquera tremenda. Y yo no sé si la odian a muerte o la adoran hasta extremos inverosímiles, porque la canción que le adjudicaron era más difícil que conseguir que
Amy Winehouse se pegue una ducha. Sin embargo,
Sandra perpetró anoche una de las mejores actuaciones que se recuerdan en
Operación Triunfo derrochando gorgoritos, vibratos y espasmos de diva de la canción. Todo muy años noventa, vamos.
Tras aplausos, abrazos, vítores y anuncios de que el
BBVA te regala
la ropa interior de Jesús Vázquez cientos de cosas si te haces
Blue,
Pablo fue raudo al escenario para cantar una copla de esas de mucho sentimiento y de poner cara de tragedia lorquiana. El caso es que anoche le di una decimocuarta oportunidad a
Pablo pero ya es oficial: me aburre. Es más, cuando le escucho cantar me entran ganas de ponerme a pasar la mopa, de limpiar los cristales, de hacer un crucigrama o incluso de reescribir el
Quijote con el pie derecho, en verso y con rima asonante.
Ojos verdes es una copla de esas que siempre hemos oído en boca de nuestras abuelas pero que ayer, como por arte de biribirloque, perdió todo atisbo de gracia.
Luego, más aplausos y gritos de adolescentas en celo. Justo después de anunciar que
BBVA te pone un piso si vas a la oficina más antigua de España y le haces el pino con las orejas al director mientras cantas el
Adelante,
Virginia saltó al escenario.
La niña azul, que ayer me recordó a un pequeño
Furby, consiguió el alabo de
Noemí Galera (sorpresas te da la vida, ah-ha) con su interpretación del tema
Ben que antaño popularizasen los
Jackson Five. Aun así, lo que recuerdo más vívidamente es la valoración de
Coco Comín.
Qué gran señora
Coco Comín, si se me permite: educada, elegante, sabe lo que dice y te suelta unas parrafadas técnicas que te quedas (¿cómo?) muerta. La
Comín le dedicó un discurso a
Virginia del que no entendí ni media palabra (me perdí entre ese marasmo de vibratos, colocaciones, potencias, frecuencias y aperturas de diafragma) pero que ella sí debió entender, porque lo celebró con una de sus sonrisitas a lo
Alvin y las ardillas. Total, que la
Comín me parece lo más de este año porque no se calla ni media, lo dice todo con educación y sabe un montón de lo suyo.
Olé tu coño moreno, guapa.

Tras este paréntesis sobre la mujer con nombre del alimento favorito de un famoso de tercera en
Supervivientes, me reincorporo a la gala. El siguiente en cantar fue
Chipper, que hizo lo mismo de siempre, de la misma manera de siempre y con la misma cara de siempre. Eso mismo fue lo que le dijo
Risto al americano del norte, que incluso se atrevió a responderle haciendo gala de un español sólo comparable al de
Christina Aguilera cantando en la lengua de
Cervantes,
Góngora,
Quevedo y
Amor de GH.
Después de
Chipper,
Jesús vuelve a decir que te hagas
Blue porque los recibos te llegan a casa en papel couché (¿lo sabías? Si no te haces
Blue, un ejército de zombis devorará tu cerebro antes del amanecer) y, tras esto, canta
Manu una canción de
Eros Ramazzotti. En ese momento, me puse a hacer la colada.
Interrumpiendo aún más el publirreportaje sobre el
BBVA de cuatro horas de duración que emiten en
Telecinco los martes por la noche, apareció
Rihanna en el escenario como invitada de lujo (lo que, traducido al español de a pie, significa: vamos a promocionar a
Rihanna a saco porque no sabemos cuándo le volverán a hacer un disco que tenga tanto éxito como este que, por cierto, llevamos promocionándolo casi un año y medio). Primero cantó su
Don’t stop the music demostrando que no hace falta afinar para ser una diosa del pop (tomad nota,
Esther o
Tania G, hay vida más allá del
Interviú). Luego llegó la apoteosis cuando la colocaron al lado de
David Bisbal para cantar un aburrido dueto en el que la de
Barbados ponía cara de “quién es este tío y por qué canta mi canción en su idioma de país subdesarrollado”. Terminaron, aplaudieron, se abrazaron y se largaron. Tan ricamente.
Y, tras un duelo en el que
Manu se impuso a
Sandra con una inquietante versión del
Light my fire de
The Doors, la peluquera tremenda se fue del plató con un coche nuevo, un sin fin de gadgets tecnológicos y un contrato para ser la prota de un musical que andará de gira por todas las Españas más contenta que
Angelina Jolie con un bebé nuevo. Ahora mismo, la victoria se la disputan
Manu, Chipper, Pablo y Virginia. Pero yo me pregunto… ¿se puede mandar
GANA COCO al
5557? ¿Contará mi voto?
- La noticia del día: Los Serrano se acaba mañana para siempre jamás, gracias a
Björk.
- Para llorar un poco: Disney Channel controla ya el 4% de la TDT en su primera semana. Es el poder de
la Zac Efron, queridos/as.
- Evento del día: Fin de temporada de
Mujeres desesperadas.
lunny.descarriado@portalmix.com