White Xmas
Tenemos la
Navidad a la vuelta de la esquina. Cual amalgama de turrón rellena de mazapán y polvorones, sus efluvios ya nos llegan a las narices entonando cánticos de deglución. En poco más de una semana habremos ingerido una cantidad ingente de comida que habrá cubierto nuestras necesidades calóricas por un par de meses y las empresas farmacéuticas harán su agosto comercializando protectores gástricos y sales de frutas. Que viva la
Navidad. Entre todos

estos que comeremos cual tocinos preparándonos para la matanza se encuentran los programadores de televisión que, aunque no lo parezcan, también son humanos y se alimentan de algo más
que de sangre humana que de los datos de
Sofres sobre las audiencias. Ellos, quizá también contagiados por esta sensación de hartazgo que uno empieza a sentir días antes de las
Navidades, inundan su parrilla de florituras y detalles navideños: si en nuestras casas eso se traduce en belenes, espumillón, árboles de
Navidad y ramitas de acebo, en una televisión cualquiera los detalles navideños son telemaratones, música de cascabeles y programas especiales de exaltación del sentir navideño. Vamos, un horror mayúsculo.
El sábado tuvimos oportunidad de ver el primero de estos emotivos, cariñosos y, por qué no, entrañables espacios que todos esperamos con delirio y expectación malsana: la gala
FAO de
¡Mira quién baila! (nótese la ironía en mis palabras). Al día siguiente, los catalanes pudimos doblar ración de telemaratones con el que nos tenía preparados la bienamada televisión pública catalana: más de trece horas de escalofriante duración. El resultado de todo el tinglado montado por las dos cadenas públicas: alrededor de los siete millones de eurazos, uno en
La Uno (espacio para risas) y seis en
TV3. Vamos, que ha sido un fin de semana de solidaridad, alegría, buen rollo y dadivosidad. Una maravilla total.
Y mientras algunas teles (las públicas, que eso viste más) se ponen solidarias, las otras hacen suyos todo el oropel, purpurina, lentejuela y alegría de la
Navidad. Mientras que en
Telecinco afirman regalar 800.000 euros en diamantes (no me extraña, con lo que ingresan en publicidad), en
Antena 3 han montado un curioso esperpento para intentar quedarse con la plana mayor de la audiencia la noche de fin de año: es bien sabido que
Ramón García dará las campanadas (que no la campanada) desde la
Puerta del Sol para la cadena de
Planeta. Pues bien,
Antena 3 ha montado una curiosa web desde la que la gente puede votar si quiere que el ex presentador de
¿Qué apostamos? retransmita el frutal evento con su ya tradicional capa o sin ella. Vamos, una manera como otra de hacer pasar el tiempo sin más.
En
Cuatro, que son así de modernos, han decidido programar sendos especiales para la noche de
Navidad: uno de ellos es
Nada x aquí (hasta este punto, todo correcto) y el otro es
Cuarto Milenio, dedicado a desvelar la figura del ‘otro Jesús’, el recogido en los evangelios apócrifos. Es decir, que mientras media
España toca la zambomba (con perdón) y le canta villancicos al niño
Jesús, la
Virgen, los ángeles y toda la parafernalia, la otra media especulará con la figura de
Cristo. Tengo ya ganas de ver la reacción de la
Conferencia Episcopal, de la
COPE y de
Jiménez Losantos.
- La noticia del día: La bella Otero se estrenará este mes en
TVG y
TV3.
- Para llorar un poco: Una canción candidata a
Eurovisión, acusada de incitar a la pedofilia.
- Evento del día:
Camera Café, y luego, mi culebrón catalán.
lunny.descarriado@portalmix.com