Vergüenza tendría que darles
Situación: llega el
Lunny a la oficina a eso de las diez de la mañana (la puntualidad no es mi fuerte). Saluda, deja el abrigo, va a por un cortado y enciende el ordenador. Se sienta. Repara en que la revista
Super Pop ha brotado como un hongo encima de su escritorio. La abre. Desecha el regalito de turno, que encasqueta a la hija de un compañero. Abandona encima de un montón de papeles las fotos
erotic-soft de dos ídolos de pre-adolescentes. Abre la revista.
High School Musical 2, Zac Efron, RBD, consejos de maquillaje, moda, pasatiempos, chistes malos, confesiones ficticias ideadas por una redactora cuarentona y aburrida… y de repente, el horror. Y no me refiero a una foto del cantante de
Kiko y Shara sin camiseta, no. Una sección (a página entera) de
Escenas de matrimonio. En ese momento se me cae el alma a los pies y un inmenso
¿¡Qué!? inunda la redacción, para susto de mis sufridos compañeros.

Si alguna de mis lectoras lo es también de esta revista, ya saben de lo que me hablo. Y si la broma de la
Super Pop ya os llega con varios años de retraso, os pongo en situación: una página entera (la de la derecha, que suele ser más cara y la que más llama la atención al lector) con
“las indirectas más directas” que se sueltan los matrimonios de la infame serie de
José Luis Moreno. Y perdonad que vuelva a las matrimoniadas, pero es que este suceso me ha rizado las fibras. Digamos que la sección en cuestión es un compendio de las animaladas más zafias que los seis personajes se regalan en el transcurso del programa.
Tras el shock post-traumático, me dio por reflexionar. Imagino a una niña de catorce años que se viste de
Bershka y se compra los complementos en
Bijou Brigitte leyendo esta página en su habitación llena de posters de
Zac Efron y
Mario Casas. Le hacen gracia y toma nota de ellos. Al día siguiente, en el insti, lo comenta con sus amigas. Se ríen. Por la tarde, después de clase, su noviete le acompaña hasta casa y le suelta uno de los improperios que
Pepa le espetaba a
Avelino. En ese momento, a causa del efecto mariposa, quiebra una empresa japonesa de grapadoras. E igual que adolescentes, jóvenes, adultos o ancianos ven este programa, puede que haya niños que también lo vean. Y puede ser que el jugar a papás y mamás en el patio del colegio de primaria se convierta en una niña gritándole imbécil al niño de turno mientras este le llama gorda a la otra.
Vale, la tele no tiene que formar. Vale, la tele tiene que entretener. Y hoy he llegado a una conclusión: por triste que sea,
Escenas de matrimonio se ha convertido ya en un hito de la televisión española. Y ha conseguido lo que pocos programas de la caja tonta han conseguido en su vida: llegar a alterar el prime time de las cadenas para que sus carísimas series no coincidan con la bomba de
José Luis Moreno. Y como hito en el que se ha convertido, hay que aprender a convivir con él: que a mí me son cansinos; sí, pero a la gente le encanta. Y qué le vamos a hacer. Por mi parte, ya dimito de las matrimoniadas. Intenté ponerle ganas pero me parecen sandeces encadenadas. Y si estas adolescentes que toman el esquema de
Pepa y
Avelino en sus relaciones son las que algún día educarán a mis hijos… bueno, siempre puedo mudarme a
Suecia. Pues que viva
Europa.
- La noticia del día: RIS, única serie de
Telecinco que no tiene garantizada la continuidad.
- Para llorar un poco: Ramón García nos dará las campanadas, pero esta vez en
Antena 3.
- Evento del día: Nominaciones en
GH.
¡Ángela a la calle ya!
lunny.descarriado@portalmix.com