Herodes, ¿dónde estás?
¿Sabes más que un niño de primaria? Esa era la pregunta con la que nos empezaron a retar las promos de
Antena 3 a mediados de verano. Un programa importado de
Estados Unidos (
Are you smarter than a 5th grader?) en el que los concursantes debían responder preguntas contenidas en libros de texto de un niño de primaria. Así,
Antena 3 continuaba con su estrategia de comprar derechos de concursos de gran éxito en el país de
Lindsay Lohan para exportarlos aquí y ser los reyes del mambo en cuanto a audiencia se refiere. Comenzaron con
La Ruleta de la Suerte, que vive un revival en la televisión actual, continuaron con
Jeopardy (que será retirado en breve para volver a
¿Quién quiere ser millonario?) y ahora recuperan el programa de los adultos contra los infantes de primaria.

Y mientras en la
Fox americana el presentador es un señor con gafas y bigote, aquí se ha recuperado la figura de
Ramón García, odiado por muchos y adorado por todas las mujeres con hijas de su edad.
Ramontxu (como le llamaba la gran
Ana Obregón en
¿Qué apostamos?) es aquí el maestro de ceremonias de este concurso que, para quien no lo haya visto, trata de lo siguiente: el concursante tiene diez preguntas a responder, todas extraídas de los libros de texto de niños de primero a sexto de primaria, y cada una de ellas tiene un premio (300.000 euros es el premio máximo por acertar las diez preguntas). Para superarlas, los concursantes cuentan con la ayuda de seis
repelentes niños de sobresaliente, que les servirán de ayuda a los concursantes. Estos disponen de dos chuletas: copiar y ojear. Evidentemente, a quien copian u ojean es a los niños, que normalmente suelen acertar. Además, los concursantes disponen de un comodín de fallo permitido siempre y cuando el niño de turno acierte su respuesta.
Tres ayudas para llegar a contestar correctamente las diez preguntas de las que consta este ‘examen’… y realmente, los concursantes no suelen saber más que un niño de primaria. Lo que es gracioso de este programa es el odio y resquemor que producen estos relamidos niños. Cuando el concursante tiene que escoger al niño que le va a ayudar, todos estallan en un recalcitrante
‘¡A mí, a mí!’ que saca de sus casillas al más pintado. El niño elegido acude a su atril corriendo cual oveja descarriada y saludando al público, como si de una estrella del pop de la talla de
Carmen Miriam se tratase. Pero no termina ahí el suplicio. Contestan antes que los concursantes, sonríen orgullosamente de haber machacado al adulto, dicen que la pregunta era muy fácil y, lo que a un servidor más corroe sus nervios, dicen que son buenos en todo.
No sé a vosotros, pero a mí estos niños me caen rematadamente mal. Especialmente uno que se llama
Adrián, con sonrisa de pan de pueblo perenne en su cara, pelo peinado con la raya al lado y jerseicillos de rombos. A mí me cae especialmente mal porque me recuerda a un niño especialmente repelente de mis años de estudiante: el típico niñato insoportable que siempre hacía los deberes, que pedía silencio en clase, que sonreía cuando la profesora le decía algo bueno y al que tirábamos papeles y tizas en cuanto el maestro de turno se despistaba. Ese niño sabelotodo, ese niño insoportable, ese niño que la profe dice
“fijaos en él y dejad de hacer el tonto”.
Adrián es la viva encarnación de ese arquetipo de niño y mucho me temo que en su clase será igual de insoportable o incluso más… porque cuando yo era pequeño, el cerebrito no salía haciendo el repipi en la tele.
- La noticia del día: Telecinco planea un
DEC para las noches de los viernes presentando por
Yolanda Flores. Y vuelta la burra al trigo.
- Para llorar un poco: Zapatero visita
El programa de AR. Qué calidad, oigan.
- Evento del día: Supermodelo 2007, que soy fans.
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