Todos somos del CSI (hasta el gorro de Madeleine)
El
caso Madeleine lleva saturándonos desde hace casi cinco meses. La desaparición, asesinato o vete tú a saber qué de esta niña inglesa trae a toda la prensa de cabeza y, consecuentemente, vuelve majara al respetable (es decir, nosotros). Nos han bombardeado insistentemente con las llaves de la iglesia, el coche de alquiler, el peluche de la niña que huele a muerto y demás pistas. Pero antes que nada, y por si alguno de vosotros vive en la inopia y no sabe de qué leches estoy hablando, resumo el caso
Madeleine a grandes rasgos para que nadie se me pierda:

El caso es que
Madeleine desapareció un fatídico día del pasado mes de mayo en
Praia da Luz, una urbanización del
Algarve portugués. Allí, los padres dejaron solos a sus tres hijos (dicen que sedados) para irse de cena con unos amigos y, al volver, ya no estaba
Madeleine. Tras la desagradable sorpresa de ver que la niña no estaba, los padres de
Madeleine protagonizaron una inusitada campaña alrededor del globo para encontrar a su hija.
Kate y
Jerry McCann se han dejado un pastizal en encontrar a la niña y en contratar asesores de prensa y detectives privados. Los hay que dicen que la cría está en
Marruecos con vete a saber tú qué indeseable, otros dicen que está enterrada en una iglesia cercana al apartamento (de la que los
McCann tenían llaves), algunos sostienen que la arrojaron al mar… pero muchos creen a ciencia cierta que los padres se cargaron a la hija.
Todos estos interrogantes sumados al bombardeo masivo de ‘informaciones’ por parte de los medios ha hecho que en
España todos nos hayamos sumado a este juego de especulaciones que ya es como una especie de
Cluedo global. Todos tenemos nuestra teoría conspiranoica, todos creemos ver a
Madeleine en la cola del supermercado… y todos compartimos nuestra teoría con nuestros allegados. Reconstruimos el puzzle como nos da la real gana, si las piezas no encajan las hacemos encajar a puñetazos y nos las damos de sabios e iluminados cual investigador del
CSI.
Porque de otra cosa no, pero de sucesos y asesinatos sin resolver nos atrevemos a hablar sin ningún tipo de problema o remordimiento. Es el peligro que tiene ver tanto la tele. Así como por una tosecilla o un estornudo a destiempo siempre hay alguien que te dice que tomes un diazepán o que vayas a que te pongan trescientos miligramos de lidocaína para descartar el lupus; con los sucesos pasa exactamente lo mismo: Todos creemos ser
Grissom sólo porque nos digan que el peluche de
Madeleine que arrastra la madre huele a muerto. De ahí ya pedimos pruebas de
ADN, de semen y de lo que haga falta, porque seguro que los padres la han matado y tirado a alguna zanja. Que en este país
Gente tiene mucha audiencia, y sabemos de lo que nos hablamos.
Y la prensa, cómo no, se contagia de esta paranoia convirtiendo en gran noticia la foto de unos turistas españoles en
Marruecos que creyeron ver a
Madeleine. Es ahí donde sale la periodistilla mala que anida en todos y cada uno de los que nos dedicamos al oficio. Es ahí cuando a alguien se le pasa por la cabeza esa gran frase que alguien debió pronunciar en algún momento de ofuscación:
“No dejes que la verdad te estropee una gran noticia”. Pues eso. Que estamos hasta las cejas de
Madeleine.
- La noticia del día: La
Campos vuelve a
Telecinco con un
Hormigas Blancas sobre políticos.
- Para llorar un poco: Globomedia prepara una serie de abogados. Tanta originalidad me abruma.
- Evento del día: Segunda expulsión de
GH y entrada del chico de oro. Esta casa parece
el coño de la Bernarda, no para de entrar y salir gente…
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