Come hasta reventar
Cuatro ha encontrado un magnífico filón en las noches de los viernes para los programas de telerrealidad. Y la verdad es que gustan, son todo un alivio para los que nos aburrimos con Lluvia de Estrellas, no soportamos ¿Dónde estás corazón? o preferimos no ver la película de Telecinco. Por esa franja de Cuatro, después de Callejeros, han pasado Supernanny, SOS Adolescentes, Desnudas y el programa que nos ocupa, Soy lo que como.
Estuve viéndolo el otro día y la verdad es que te entran ganas de cuidarte. Al menos, de contenerte en el momento de atacar la cuarta magdalena del desayuno o de abrir la nevera en esos momentos de gusanillo vespertino. El programa del viernes versaba sobre las dietas milagro, intentando desmitificarlas. El testimonio era una señora que pesaba 126 kilos (obesidad mórbida) y que había probado cientos de dietas milagros de todo tipo.
El caso es que hay una cosa de este programa que a mí me llama la atención: la irritante tendencia de Yolanda Sanz, la nutricionista, de mirar por encima del hombro al obeso y su tonillo de soberbia. Me explico: una de las tareas es observar la rutina alimenticia de la señora. En ese momento, Raquel Sánchez Silva (presentadora comodín) y Yolanda Sanz presenciaron el pantagruélico desayuno de la pobre señora: un bol enorme con leche y café al que le echaba bollos desmigados, galletas y chocolate. Mientras la señora se lo zampaba con una cara de placer inconmensurable, la nutricionista la miraba con cara de “Oh Dios mío, qué asco”. Realmente ver tamaño desayuno no te hace entrar apetito precisamente, pero no es menester que a la que supuestamente viene a ayudar se le vea en la cara la repugnancia que siente al ver a una señora que pesa tres veces que ella más meterse su desayuno.
Luego viene el momento del análisis del frigorífico que, por cierto, era todo un monumento al triglicérido feliz: miles de cosas empanadas listas para freírse en abundante aceite, productos lácteos y precocinados varios. Nada de verduras, pescado o fruta, evidentemente. Ante tal atentado a la salud alimenticia, a la nutricionista sólo le faltó arrojarle a la señora las empanadillas a la cara. Empanadillas que, por cierto, tenían una pinta deliciosa.
Quizás el ataque frontal es una técnica para que la persona que debe adelgazar se dé cuenta de que con ese grado de obesidad su salud se resentirá… Pero el caso es que sólo le faltó meterle una tableta de chocolate en la boca y decirle a gritos “Come hasta reventar, maldita cerda”. Un poco de delicadeza paternalista no iría mal, por mucho que Yolanda Sanz se crea la mujer perfecta por tener una 38, un porcentaje bajo de grasa corporal y una salud de hierro cultivada a base de acelgas hervidas.
Pero eso no lo es todo. Una 38 de poco sirve si te rodea un aura de superioridad y miras a los que pasan de una 44 con desprecio. No digo que Yolanda Sanz lo haga en su vida normal, pero a mí es la sensación que me acecha cada vez que veo Soy lo que como.
¿Estoy equivocado? ¿Os pasa a vosotr@s lo mismo?
- La noticia del día: un poco atrasada, pero notición al fin y al cabo: Buenafuente se larga este jueves de Antena 3 para preparar un nuevo programa en laSexta. Resulta que su productora, El Terrat, es accionista de la cadena de Milikito… qué cosas.
- Para llorar un poco: Natalia Verbeke se lía con Resines en Los Serrano. Surrealismo en estado puro.
- Evento del día: Factor X. Por la coreo inicial de Nuria Roca, por supuesto.
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