La caja de Manoli de Cáceres
Dos semanas. Quince días anunciando a bombo y platillo que la entrega de los 600.000 euros en ¡Allá tú! estaba cada vez más cerca. Promos en Telecinco a todas horas, noticias en los periódicos… y finalmente ayer llegó el día. Un concursante tarraconense, Gilbert, se llevó a su casa la nada desdeñable cantidad de cincuenta millones de pesetazas (ya sabéis que la mitad es para el ganador de plató y la otra mitad para el ganador de casa). El hecho de saber que el buen hombre se llevaría tanto dinero le quitaba bastante emoción al asunto, todo hay que decirlo. Pero, aún así, hay que reconocer que se mantuvo la mayor virtud de este concurso, simple como el mecanismo de una esponja: que engancha a más no poder.
Por algo debe ser la primera opción de los telespectadores a esas horas, llenas de concursos (qué ansia por dar dinero, rediós), ya que casi un 23% de la audiencia se congregó ayer por la tarde para ver la entrega del premio gordo. Y seguramente un par de puntos de ese porcentaje son gracias a las autopromos de este país nuestro, tan dado a hacer spoilers. Recordemos si no cuando se dieron los premios gordos en Pasapalabra o en ¿Quién quiere ser millonario?, que se anunció a bombo y platillo en la prensa y las televisiones. De ello se destila que probablemente ver esos concursos esperando que el concursante se lleve un pastón es inútil porque, cuando eso ocurra, ya se encargarán las teles de promocionarlo bien para que lo vea bastante gente.
Y ¡Allá tú! eso no lo necesita, precisamente. A diario compite con el concurso de Carlos Sobera y con el curioso Money, money de Cuatro. Pero el programa de Jesús Vázquez tiene un encanto especial, vete a saber cuál, pero algo habrá para que nos traguemos un concurso en el que no podemos competir desde casa.
Me explico. Normalmente puedes estar en el salón de tu casa intentando responder a las preguntas, tipo “¡¡¡no, imbécil, que el emperador de Papúa Nueva Guinea no era Kulumbebe, sino Adelakumbamba!!!”. En ¡Allá tú! no puedes hacer más que mirar hacia la tele y tragarte con patatas todo lo que hacen porque, seamos francos, es el concurso más sencillo de la historia de la televisión. El concursante no necesita ninguna habilidad especial, no tiene que ser una lumbrera o una enciclopedia con patas, no… Simplemente debe saber decir “abro la caja de Manoli de Cáceres” (es un decir). Y a ver qué pasa. La avaricia es en este programa una característica importante porque anda que no ha habido concursantes que se han largado a casa con una berenjena teniendo una oferta por parte de la banca de 30.000 euros como 30.000 soles.
Y así va ¡Allá tú!, que es el programa perfecto para lavarse bien el cerebro cuando vuelves del trabajo, de la universidad, del instituto o de dónde leches sea que vuelvas. Te sientas y hale, a verlas pasar. Con El Diario de Patricia te indignas y te entran ganas de matar, con Gente te deprimes, con Money, money te quedas a cuadros escoceses… Y lo fuerte es que el programa funciona en todas partes, con pequeñas diferencias, pero en todas partes: en Italia el programa se llama Affari Tuoi e incorpora la sensible diferencia, tan a la italiana, de poner azafatas jamonas enseñando pechuga con cualquier excusa. En Estados Unidos es Deal or no deal y también funciona a base de bien. Vamos, que todos tenemos la necesidad de vegetar ante la tele y no pensar en nada, ya sea en Brescia, en Ohio… o en casa de Manoli de Cáceres.
- La noticia del día: 300 emisiones de Camera Café. ¡Enhorabuena!
- Para llorar un poco: Lanzan una campaña para readmitir al doctor Burke de Anatomía de Grey.
- Evento del día: Mujeres desesperadas, claramente.
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