El bigote de Rebecca Loos
Ya hemos pasado el ecuador de Supervivientes, y hasta ahora nunca había hablado de este gran reality, sin duda uno de mis favoritos. El gran motivo: ver pasarlas putas a famosillos de medio pelo, para qué vamos a mentir. Cuando ojeamos las revistas o ponemos el Tomate, envidiamos a estos personajes, creemos que viven como reyes y que se pasan los días de fiesta en fiesta, rodeados de glamour y de exquisiteces. Aunque muchas veces no sea así (dudo que Pedro Oliva, ganador de GH4, tenga mucho glamour en su casa), lo aparentan estupendamente bien. Esto es lo que hace que difrutemos con perversidad cuando les vemos en la isla peleándose por sorber la última gota de un coco.
Y os voy a hacer una confesión: de todos los realities que ha habido hasta el momento, es el único al que me gustaría ir. No porque la gente me vea pasándolo realmente mal, sino por el hecho de valorar lo que tenemos aquí y hasta qué punto sería yo capaz de aguantar el caso. De todos modos, siempre que veo Supervivientes me asaltan una gran cantidad de preguntas que muchas veces me quedan sin respuesta:
Me niego a creer que los concursantes no hablan con los cámaras, por mucho que digan que la organización es tan estricta en las reglas del aislamiento como si de auténticos náufragos se tratase. Y agradezco en sobremanera que los televisores no tengan odorama, porque esa isla debe oler a choto. Eso me lleva a preguntarme: ¿se cepillan los dientes? Aunque supongo que para la poca comida que comen eso debe estar más impoluto que el retrete de Isabel Preysler. Otro caso que me preocupa es la ropa. Vale, tienen la justa y necesaria, pero a ver quién es el guapo que se pone una camiseta lavada en agua de mar y secada al sol, que debe rascar más que una toalla del Lidl. Y otra duda más: la depilación. Los chicos lucen barba de puros náufragos, pero a ellas no es que les aprecien pelos ni en las axilas ni en las piernas.
Excepto a Rebecca Loos. La ex amante de David Beckham luce un mostacho bajo la nariz que ya lo querría para sí José María Aznar. Los milagros de la cosmética, amigos. Así como Rebecca parece aquí la prima hermana de Juan y Medio, en Raquel Bollo se evidencian las capas de Titanlux que lleva la mujer durante sus colaboraciones en A Tu Lado.
Es por eso que Supervivientes es un reality que gusta. Uno de sus mayores alicientes es contemplar la decrepitud de los concursantes, el hecho de ver cómo se van consumiendo y volviendo más humanos a medida que pasa el tiempo. Los tintes perfectos se convierten en despropósitos, la musculatura tremenda se convierte en tetillas caídas, las pieles tersas pasan a ser colgajos, las pieles se cuartean, los mosquitos se ceban en ellos y les salen golondrinos y almorranas. Les compadezco pero, qué consuelo saber que son humanos, oye.
- La noticia del día: La revista de Yo soy Bea lo será también en la vida real.
- Para llorar un poco: Una gala con Isabel Pantoja eleva a la TV manchega al nivel de las nacionales. En fin…
- Evento del fin de semana: Segundo episodio de La Trilogía del Pene, esta noche en Cuatro.
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