Súper pene
Algunos recordaréis un post que puse meses ha en el que relataba una experiencia televisiva que tuve en Londres. Se trataba de un reportaje que vi en el Channel 4 que se titulaba El pene perfecto y en el que, entre otros, aparecía un tío cuya afición era inyectarse silicona en su instrumento y escroto hasta el punto que eso parecía una bolsa de mandarinas a punto de reventar. Pues bien, posteriormente descubrí que formaba parte de una trilogía de reportajes sobre el pene, compendio que el viernes comenzó a emitir Cuatro con el primer capítulo: El pene más grande del mundo.
El propio título ya asusta. Imaginarse a un señor normal y corriente con una verga de caballo bajo la bragueta ya me producía cierto repelús. Pues bien, lo que pudimos ver en el reportaje de Cuatro se llevaba la palma. En él se mezclaban intervenciones presuntamente sesudas y antropológicas sobre la importancia que le da esta sociedad al tamaño del pene con testimonios de hombres con los que la naturaleza había sido exageradamente generosa en el momento de repartir miembros.
El poseedor de la entrepierna más poderosa del mundo se llama Jonah Falcon (ver foto), reside en Nueva York y tiene una verga de 34 centímentros y medio. Es decir, una caña de lomo entre las piernas. Ya en reposo le mide 23 centímetros, una longitud que para sí quisieran muchos, y eso fue lo máximo que pudimos ver (quizás porque con todo eso duro le habría sacado un ojo al cámara). Luego pudimos ver a otro elemento, un actor porno de color cuyo pene medía 28 centímetros en plena erección, y se pudo comprobar tranquilamente al ver como la actriz porno de turno hacía su (ehem) trabajo con el mástil del hombre.
Otro testimonio fue el de una mujer cuyo marido posee un miembro tan descomunal que ella misma dice no poder abarcar con la mano. La señora, cincuentona ella, contaba sus malos tragos (con perdón) en el momento de hacerle felaciones al esposo. No pude contener la risa, lo admito. El hombre aseguraba que su gran pene al principio era un problema, pero con práctica consiguió que a la mujer no le doliese e, incluso, le gustase. Ya sabéis, como dice el refrán popular, “con paciencia y con saliva…”
Finalmente, otra visión impresionante fue la de un señor gordo adicto al Grecian 2000 cuyo pene también era desproporcionado, y nada mejor para ilustrarlo que él mismo saliendo de la piscina con el bañador repegado a sus partes nobles (y con un huevo escapándose por la pernera derecha, dicho sea de paso). El señor afirmaba que tenerla tan grande es un problema mayúsculo ya que había gente que salía corriendo (con perdón) al ver semejante monstruo emergiendo de la entrepierna del individuo.
La semana que viene, supongo que podremos presenciar al adicto a la silicona testicular y comprobaréis si es cierta o no mi comparación de su escroto con una bolsa de mandarinas. Brillante ejercicio este, en el que se mezcla la supuesta divulgación sexológica con La parada de los monstruos. Y de todos es sabido que causa más expectativa una polla de dos palmos que una mujer barbuda. Y más en España, que para eso ya tenemos a la Pantoja.
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