¿Lo tienes?
Domingo, nueve de la noche. Un servidor llevaba horas tumbado en el sofá en la misma postura, con el cuerpo en letargo y la mente funcionando al diez por ciento. Me estaba lavando bien el cerebro mientras me tragaba con patatas Díselo a Jordi y, después, El Buscador (cabe decir que mi número de neuronas descendió significativamente tras tal empacho de televisión de calidad). Con un gran esfuerzo por mi parte, cogí el mando a distancia empujándolo con el pie desde la parte baja del sofá y puse Cuatro. Primero empezaron las noticias, luego me di cuenta de que las tenía de fondo y mi mente no procesaba lo que decían. Luego vi uno de esas promos que se sobreimpresionan en pantalla anunciado que en poco menos de media hora empezaban a emitirse los castings de Factor X. Mi mente ávida de realities despertó.
Y no es que no esté medianamente satisfecha con Supervivientes (que lo está), pero un poco de frikis intentando cantar no me iba a ir nada mal para empezar a coronar mi maltrecha y resacosa tarde de domingo. Así que me mentalicé para ver algo parecido a los castings de Operación Triunfo pero con colores rojos de fondo y una equis enorme en cada esquina. Y sí, la base era esa pero a medida que pasaba el rato mi interés por el programa iba creciendo en progresión geométrica.
Por una persona que tenía un mínimo talento o al que se le podía vislumbrar el Factor X ese, aparecían chorrocientos freaks que, o bien se creían que eran la nueva Tina Turner o bien eran modelos que no sabían dar una nota sin que le temblasen los tímpanos al respetable. Como momentos gloriosos, yo destacaría al elemento de mirada asesina al que le dio por cantar como Antonio Molina. A su actuación se intercalaron planos del jurado partiéndose de risa hasta que, finalmente, le dijeron que en su interior no había factor X ni nada que se le pareciese. El colega pilló un rebote de mil pares y, como empezó a crecerse con aquella alegría que proporciona el garrulismo, el jurado arremetió con sus zapatillas deportivas. ¿Por qué? Porque no era manera de presentarse a un casting, dijeron. Vamos, que para cantar ante el jurado de Factor X tienes que ir de punta en blanco, zapato de suela de cuero y calcetín de ejecutivo.
Después de quedar anonadado con semejante elemento, apareció en escena una señora sesentona con más empuje que las tres Supremas de Móstoles juntas y que en poco menos de cinco minutos ya había entregado una maqueta al jurado, cantado flamenco, arias líricas y hip-hop con un pañuelo en la cabeza. Desde este mismo momento me declaro fan de esta polivalente señora que, además, ha pasado a la siguiente fase. Otro que me gustó fue el chico de Nigeria, con una voz impresionante a lo Craig David, y que pasó a la segunda fase sin ningún tipo de problema. Lo que no entendí muy bien fueron los tambores tribales de música de fondo mientras el chico se abrazaba a sus padres. No sé, igual se piensan que la familia, en su casa, se ponen taparrabos e invocan a dioses paganos mientras cantan kulunguelé alrededor de una hoguera. Vete tú a saber.
El caso es que Factor X (o, al menos, sus castings) han cogido lo más memorable de OT y lo han potenciado con esa alegría que les caracteriza: los frikis y la acritud de Risto Mejide. Es decir: ¿que os mola ver a gente haciendo el ridículo ante un jurado? Pues ración triple. ¿Que os gusta lo borde que es Risto? Pues aquí le tenéis por triplicado y full-time. Vamos, lo que hablábamos el otro día de copiarse los unos a los otros.
- La noticia del día: Mediapro (dueña de laSexta) compra los derechos de la Fórmula 1 y puede que la nueva cadena le arrebate las competiciones a Telecinco.
- Para llorar un poco: Alicia Borrachero se va de Hospital Central, y aún no nos han hecho el spoiler. Paciencia.
- Evento del día: El refrito semanal de Sé lo que hicísteis, en laSexta.
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