Serbia gana y media Europa se cabrea
Hubo un tiempo en que el festival de Eurovisión era un evento esperado por todos, y los programas que escogían al representante por España eran líderes de audiencia. Por el festival han pasado intérpretes de renombre internacional como Julio Iglesias, Celine Dion, Cliff Richards, ABBA o incluso Dulce Pontes. Era una época en la que aparecer en los televisores de Europa se convertía en un trampolín profesional impagable y convertía a ganadores o segundos clasificados en estrellas internacionales. Eran otros tiempos.
Hoy, el festival de Eurovisión ha pasado de siete países participantes al máximo llegado en esta edición, en la que 42 estados europeos se han disputado el triunfo. Un triunfo que esta vez ha ido a parar a Serbia, a Marija Šerifovic, con su tema Molitva. Pero no es sólo el triunfo de esta réplica femenina de Hiro Nakamura lo que ha irritado a media Europa, sino el hecho de que la mayoría de países de la Europa Occidental hayan quedado relegados a la parte más baja de la tabla (Finlandia, Suecia, Alemania, España, Francia, Reino Unido e Irlanda).
Y la indignación ha llegado a los países perjudicados por el intercambio de votos entre los países del este. Diarios como el alemán Bild Zeitung se preguntan “por qué sigue Alemania participando en Eurovisión” tras el “vergonzoso intercambio de votos” del sábado. Por su parte, Suecia, uno de los países que se caracteriza por quedar casi siempre en la parte alta de la tabla, está que se la llevan los demonios. Al menos así lo explica el periódico Aftonbladet, que llega a afirmar que “el festival de Eurovisión ha muerto en Helsinki”. Casi nada. En Suiza, por su parte, están francamente enfadados con que su DJ Bobo no haya pasado a la final, y el periódico Blick comenta que “ningún país del Oeste y el Norte de Europa tiene oportunidad alguna”, y subraya que esto “no tiene nada que ver con la calidad de las canciones”. Pero el país más decepcionado es Irlanda (el que tiene más victorias acumuladas), que incluso se plantea seguir la estela de Mónaco y abandonar el festival de Eurovisión. Y aunque hay países como Francia que reconocen que el tema serbio es “una buena canción” (Le Monde), la sensación general de los habitantes de la parte más occidental de Europa es la del intercambio de votos y el colegueo vecinal antes que la calidad de una canción o la fuerza de un intérprete.
Pero, ¿y si lo miramos desde otro punto de vista? ¿No esperamos todos los españoles recibir buenas puntuaciones de nuestros vecinos Andorra, Portugal y Francia? ¿No nos hemos indignado cuando Andorra este año no nos ha dado ni un punto? ¿No estamos acostumbrados a que todos los países escandinavos se repartan los votos? Con esto quiero decir que el intercambio de votos no es nada nuevo y, además, lo venimos practicando nosotros alegremente desde ya hace unos cuantos añitos. Pero claro, un buen día lo que eran Yugoslavia y la URSS pasan de ser dos a ser 21 países, quince de los cuales han participado este año en Eurovisión. De este modo, si trasladamos la mecánica del colegueo entre tres países a quince, el resultado es el que hay: los países del este se apelotonan en la parte alta de la tabla y los del oeste se quedan abajo y se quejan. Qué malos son los europeos orientales, que encima de hablar raro van y nos ganan en Eurovisión. Como decimos los catalanes, un poco de seny, por favor.
¡Ah! Y felicidades a Serbia, me encanta la canción ganadora.
- La noticia del día: El consorcio Mediaset (del que es parte Telecinco) compra el 75% de Endemol a Telefónica.
- Para llorar un poco: La hora chanante llega a La2. Y es para llorar de risa, claro.
- Evento del día: a escoger entre CSI y Círculo Rojo.
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