La cruzada personal de Merceditas
Nuestra amiga Merceditas Milá presenta hoy en Telecinco, la cadena amiga, otra entrega de su serie de reportajes de investigación (espacio para risas) destinados a crear alarma social de la manera más descarada y sobrecogedora posible. Aunque para muchos haya perdido su credibilidad al anunciar que se mea en la ducha o que goza al defecar en el mar (alejaos de ella cuando la veáis en las playas de Castellón), la presentadora todoterreno se pone hoy medioamental y se dedicará hoy, a partir de medianoche, a recorrer puntos de este país de boina y pandereta más llenos de porquería que las ropas de los concursantes de Supervivientes.
Hagamos un pequeño repaso: desde que Telecinco se inventó la cosa esta de Diario de, hemos sido testigos de los temas más variopintos: los jóvenes y las drogas, la especulación inmobiliaria, la mujer y el sexo, la catástrofe nuclear (para calmar a la población, vamos), mafias del sexo, la ludopatía, los integristas islámicos, el tabaco (dos, concretamente), la ultraderecha, las bandas callejeras, el negocio de la fe, la amenaza nuclear (qué fijación tiene esta gente con los átomos)… Es decir, que si te los pones uno detrás de otro puedes acabar como una regadera, forrando las paredes de papel de aluminio para evitar las señales malignas de los satélites, haciéndote un casco antinuclear con un escurridor y una percha oxidada y, además, salir a la calle con una pancarta reclamando a los marcianos que se te lleven contigo y te hagan experimentos vergonzantes para así luego poder ir al Diario de Patricia y convertirte en el más famoso del barrio. Un drama, vamos.
A mí lo que me hace más gracia de este programa que Merceditas conduce es la alarma social que provoca. ¿Intentarán así que tomemos conciencia de lo que pasa alrededor o simplemente quieren volvernos majaras y que estemos más alterados de lo que ya estamos? Vale, ya sabemos que si fuese por Merceditas viviríamos todos en el campo reciclando botellas como poseídos, haciendo nuestras necesidades en el mar y sin ni si quiera pensar en echar un cigarrillo pero… ¿es necesario alimentar la paranoia? Que en este país ya estamos bastante desquiciados, ¡por favor!
Si yo fuese Paolo Vasile… vale, si fuese Paolo Vasile estaría ahora en mi piscina privada con una copa de Moët Chandon y comiendo caviar para desayunar, almorzar, merendar y cenar. Pero si fuese su mente pensante (un poco complicado pero cosas más raras se han visto al fin y al cabo) me pensaría seriamente lo de seguir teniendo en nómina a Mercedes Milá. Si os acordáis, cuando empezó el primer Gran Hermano, la presentadora catalana estaba más comedida, menos histriónica, menos ridícula… más periodista normal, vamos. Pero a medida que pasaban ediciones del reality, la Milá empezó a desquiciarse hasta el punto que la tenemos ahora. Quién sabe, quizá si en GH10 (si llega) alguien enciende un cigarrillo esta mujer entre con un kalashnikov en la casa y monte una carnicería que ríete tú del zumbado de Virginia.
El caso es que no necesitamos más alarma social, gracias. Sabemos que el planeta se va a pique, que dentro de poco podremos hacer safaris por Almería y encontrar familias bereberes transhumantes en medio de Galicia. Nos basta y nos sobra con el precio de la vivienda, los especuladores, los malos tratos y la intolerancia. No hace falte que nos lo recuerden en su manera más cruda y con Merceditas amenazándonos en plan “si no hacéis lo que yo digo os vais a morir”. Ya hay bastante paranoia en este país, como demuestran titulares como el que leía hace un rato: una fan acérrima de la Pantoja pega una paliza de órdago a un cámara de televisión y le manda al hospital. Me pinchan y no me sale sangre.
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