Una más al rebaño real
Los que ayer tuvimos una tarde ociosa intentando acumular energías para el puente que no hacemos (véase yo mismo) estuvimos atrapado en lo que yo llamo monopolización monárquica de la programación catódica. Vamos, el parto de Letizia. Como todos a estas alturas ya sabemos, el heredero al trono de éste nuestro país (nuestrísimo para unos y de ellos para otros) acaba de tener a su segundo vástago, otra niña. La criatura en cuestión se llamará Sofía, como la abuela, y sabemos que ha nacido por cesárea, que pesó casi tres kilos y medio y que nada, que todo bien y estupendo.
Y como ya sabemos, cada vez que se produce un evento de esta magnitud informativa, las teles se vuelven locas y comienzan a conectar a todas horas, a hacer programas especiales y a alabar lo maja que es la familia real, lo campechano que es Juan Carlos y lo sencilla que es Letizia; nieta de taxista, sí, pero casi-casi una princesa. La cantinela de siempre la pudimos presenciar en TVE, que nos emitieron un amable especial pasadas las diez de la noche; pero los más certeros fueron, cómo no, los colegas de las grandes teles privadas: Telecinco y Antena 3.
La cadena de Planeta recurrió a su presentador comodín, Jaime Cantizano, también conocido como “el yerno que toda madre querría tener”. Condujo un especial de En Antena en el que se charló largo y tendido del nacimiento de la Infanta Sofía (me niego a llamarla doña, que es una cría, hombre). Mientras, en Telecinco programaron un especial Dolce Vita que ya era espeluznante sólo por ver a los mismos petrimetres de cada sábado en la franja más espesa de la semana: la media tarde del domingo. El espacio estuvo conducido por Santi Acosta, también conocido como “el hombre más soso de España después de José Montilla” y, a su alrededor, lo más granado de comentaristas sociales de este país, entre los que se encontraba la más perversa, la más mala, la más maléfica: Paloma García-Pelayo, directora de gestión y explotación de la agencia corazonil Korpa.
Aunque ambos especiales estuvieron empatadísimos en audiencia (14,1 el de Antena 3 y 14 el de Telecinco), el de la cadena de Fuencarral tuvo el gran acierto de contar con Jaime Peñafiel, el señor que sabe hasta de qué color lleva las bragas la Reina de España. El corrillo que tenía Santi Acosta a su alrededor no pudo abandonar su tono de acuse y derribo por mucha Letizia, mucha princesa o mucho respeto real que haya. A los consabidos loores a la monarquía a los que ya estamos acostumbrados, aprovecharon para cargar contra todo lo que pudieron. Se quejaron de que la carpa en la que el Príncipe iba a comparecer para informar de las vicisitudes del parto era demasiado pequeña y se había vetado el paso a ciertos medios. Pusieron el grito en el cielo cuando llegaron los príncipes en coche a la clínica, recriminándoles que no se parasen y saludasen a la prensa. Que es, evidentemente, lo que cualquier parturienta con contracciones y un crío a punto de salir de su vientre es lo que desea hacer. Todo esto sin desaprovechar la oportunidad de hacer autobombo del libro que publicó Paloma García-Pelayo con su perversa cuñada Ángela Portero a propósito del nacimiento de Leonor.
La maldad a la que nos tiene acostumbrados el equipo de zánganos de Santi Acosta, trasladada a un domingo por la tarde. A un momento en el que sólo queremos digerir la comida, vegetar en el sofá y lavarnos bien el cerebro con el televisor ante un telefilme de violaciones y/o embarazos no deseados. No es menester tener en la tele a una señora con una excitación mayúscula pregonando que por qué no llaman a la nueva infanta Santiaga o Jimena. Hombre ya.
- La noticia del día: LQSA baja ocho puntos de share respecto al episodio piloto. Perdemos fuelle.
- Para llorar un poco: Los programadores de Antena 3 se deben tirar de los pelos con Cambio Radical. Todo el mundo hablará de él, pero no lo ve nadie.
- Evento del día: Yo, como siempre, barriendo para casa. Hoy, Ventdelplà, tremendo culebrón.
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