Perversidad dominical
Todos sabemos que el domingo es un día perfecto para no hacer nada. O, en su defecto, para hacer lo mínimo posible y pensar en las cosas más nimias e insustanciales como “¿y si me hago un myspace?”, “habría que plantearse limpiar los cristales” o “en cuanto tenga un rato, me pongo a planchar”. Así pasan las horas de domingo; lentas y tediosas, como tortugas caminando por la arena. Las ves pasar lentamente y te vanaglorias de ello, mientras te tumbas y desperezas en el sofá aún con el pijama puesto.
Si sales, haces poco. Ir a dar una vuelta, a tomar una cerveza, a ver una película, a mirar escaparates, a hacer algo que no requiera demasiado esfuerzo. Comes sin prisa, reposas la comida como está mandado, haces la reglamentaria siesta que, en caso de ser domingo, puede prolongarse durante incluso horas. Piensas en qué vas a hacer para cenar, incluso te permites a ti mismo ser creativo y experimentar con esa receta que te dio tu madre y que nunca llegaste a intentar hacer. Desistes, pides pizza.
No te das cuenta y te has tragado casi todo el programa de Jordi González. Empieza el informativo, decides culturizarte un poco que ya vale de tanta perrerá dominical, hombre ya. Cuando termina el informativo, tú sigues en tu mundo dominical de hogar, cervezas, relax, siestas, charlas con amigos y vida conyugal (si procede). Y de repente, vuelves a la vida real a la velocidad del rayo. No, no es que al vecino le haya reventado la bombona de butano, no. Echan Camera Café.
Sí queridos y queridas, un Camera Café en domingo es un arma de doble filo. Por un lado te alegras de ver de nuevo a Cañizares, Arturo, Jesús, Julián, Marimar y toda la tropa. Pero por otro te viene el flash a la cabeza que ya quedan escasas horas de letargo, de vagancia, de hacer lo que te dé la gana a la hora que te dé la gana. En pocas horas volverás a la oficina.
De repente, el estar tumbado en el sofá deja de ser relajante, maldices la siesta de tres horas porque a las dos de la madrugada seguirás fresco como una lechuga, las cañas con tus amigos te recuerdan que puede que mañana tengas una leve sombra de resaca (pero molesta al fin y al cabo) y te compadeces de ti mismo al ver que mañana vas a cruzar las puertas de la oficina con cara de mucho lunes.
Y una vez allí, no estará Mónica, la de marketing, para alegrarte la vista. Ni Marimar, la secretaria separada, para contarte sus penas. Ni Cañizares, para que hable todo el día de su gato Calcetines. Ni estará Bernardo comentándote lo que ha hecho con su madre. Ni Jesús, que está encantado de volver al curro después de aguantar a la Yoli y a los niños durante dos días. Ni verás a Antúnez, ese jefe para el que eres basura y gentuza, y que suspira por jubilarse. Ni a Victoria, la jefecilla intermedia que tiene más mala leche que una entrevista de Javier Cárdenas a La Pantoja de Puerto Rico. Eso, y nada más, es perversión dominical y risas amargas. Que cuando estás de relax, solaz y esparcimiento te recuerden con suma alegría que no te apalanques demasiado, que en nada estarás sentado enfrente de tu ordenador produciendo lo que sea que produzcas… Levantando España con las manos, vamos.
- La noticia del día: Un juzgado prohíbe la reemisión de Diario de… Maltrato en la guardería. Y con este y El marido de Lola, ya van dos.
- Para llorar un poco: MIR renueva por una segunda temporada. Esperemos que los de Manolo y Benito no tomen ejemplo.
- Evento del día: Hoy empiezan los castings de Factor X. No vaya a ser que nos quedemos sin realities y nos pongamos a pensar.
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