El descubrimiento de LaSexta
Ayer por la tarde llovía en Barcelona. Fue salir de la oficina, caminar veinte metros y empezar a caer gotillas de agua. Las cuatro gotas se convirtieron en ocho, las ocho en dieciséis, y en un momentito estaba yo, sin paraguas ni nada que se le parezca, bajo una lluvia incesante y calándome hasta las fibras de mi yo interior. Empecé a lamentarme de mi poca previsión y, mientras bajaba las Ramblas, me metí en una tienda de souvenirs para resguardarme un poco de la lluvia. Me asaltó el encargado con una sonrisa de oreja a oreja y me espetó un sonoro “hola”. Le respondí con una sonrisa gratis. Procedí a mirar los atentados al buen gusto que pueblan estas tiendas tan kitsch y el encargado en cuestión me perseguía con su sonrisa tatuada en la cara.
Ante la sección de folklóricas y toreros me suelta un “Can I help you?” y le respondo en castellano. El hombre me hace una mirada cómplice y me dice por lo bajini que si quiero algo, me arregla el precio. Para mis adentros pienso que al igual me compro yo algo así por muy arreglado que esté el precio. Le digo que no gracias y me largo. Enciendo un cigarro en la entrada de la tienda y me vuelvo a meter bajo la lluvia. Una señora me agrede con un paraguas y una bici suicida por poco me secciona una pierna, mientras mi ira interior aumenta. Deseo llegar a casa.
Ya en la portería, calado hasta los huesos, miro el buzón, respiro hondo, cojo las dos facturas de rigor y me doy cuenta de que cuelga un nuevo papel en el tablón de anuncios de la comunidad. Le echo una ojeada y entiendo que han instalado cámaras de seguridad en mi calle. Me asusto y miro detrás de mí, no vaya a ser que tenga a un violador de Lunnys y yo tan feliz. Vuelvo a leer el papel y no dice nada de cámaras de seguridad. Dice que la comunidad, en un alarde de buena fe y magnanimidad, se ha antenizado. Pegué un grito, me cayó una lagrimilla y vi que ya podía sintonizar LaSexta (oh dioses) y, de regalo, 8tv (autonómica catalana del señor Conde de Godó, dueño de La Vanguardia), TeleTaxi y Localia. Anoto las frecuencias y subo corriendo las escaleras de tres en tres.
Entro en casa, cierro la puerta, respiro y dejo todos los bártulos en el suelo. Me siento en el sofá, cojo el mando a distancia, enciendo la tele y preparo cenicero a mi vera. Enciendo un cigarro y comienzo el proceso de sintonización. Minutos después, mi mando a distancia quedaba distribuido de la siguiente manera: en el 1, TVE1; en el 2, La2; en el 3, TV3; en el 4, el 33; en el 5, Telecinco; en el 6, Antena 3 (los catalanes tenemos la tele así desde principios de los noventa); en el 7, Cuatro; en el 8, 8tv; en el 9, LaSexta (¡hurra!); en el 10, Barcelona Televisió; en el 11, Teletaxi (y olé); y en el 12, Localia (si algún día la veo, os aviso, no temáis).
Ante tal festín televisivo me sentí como cuando era un Lunny a medio coser y llegaban los Reyes. Puse LaSexta. Me encuentro de bruces con una promo de la segunda temporada de Prison Break. Se me cae otra lagrimilla y me alegro de poder verla ya, pero pienso que sólo tengo un día para ver toda la primera temporada y desisto de la idea. Ya durante la cena, veo mi primer programa en LaSexta: Sé lo que hicísteis la última semana, del que varias personas me habían hablado estupendamente. Me lo pasé en grande mientras despellejaban a los famosos y recopilaban todas las metidas de pata de famosos y periodistillos. Aún no puedo hacer ningún juicio de valor porque sigo en shock, pero ya tengo mi primera pregunta: ¿Patricia Conde siempre tiene la risa tan floja?
- Noticia del día: Ácaros, la serie de Paco León que a mí no me hace ni puñetera gracia, es trasladada a los sábados.
- Para llorar un poco: Hoy se estrena Héroes en Sci-Fi y yo no tengo satélite. Snif...
- Evento del día: Estreno de la tercera edición de La Casa de tu Vida. Los detalles, aquí.
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