Las botas de la Gemio
El domingo fuimos testigos del regreso del espectáculo más grande jamás representado. Y no estoy hablando del Circo Mundial ni de un concierto de Camela, no… Se trata del regreso de Sorpresa, sorpresa, un programa espectacular a la par que lacrimógeno y garbancero. Isabel Gemio, mentora de la infame Patricia Gaztañaga en cuanto a sorprender a la gente se refiere, regresó al plató del mítico programa de Valerio Lazarov dos años y medio después de que terminase. Eso sí, como si no hubiese pasado nada. Vimos un plató diferente: las míticas escaleras por las que se paseaba arriba y abajo la Gemio primero y Concha Velasco después han sido sustituidas por fulgurantes pasarelas por las que las botas de la Gemio caminaban con alegría. El público estaba recluido en unos extraños fosos desde los que veían la vida (y los tacones) pasar, como cristianos a la espera de su ejecución en un circo romano.
Y en estas que apareció Isabel, toda glamour y maravilla ella, con unos aires de dominatrix que pa’ qué. Toda de negro, botarras de cuero y micro (y rosa) en mano, comenzó el teatrillo de Sorpresa, sorpresa al que ya todos estábamos habituados. El fallo: la reversión a lo makina total del mítico “Acompáñame”, cosa que hizo que a muchas abuelas emocionadas con el regreso del programa se les deshiciese la permanente. Así, de golpe. Luego, lo de siempre. La sobreactuación de Isabel Gemio, exagerada hasta decir basta; las entregas de tigres mediante un modelo vestido como si fuese de Seur…
Y como momentos memorables es menester remarcar la gran aparición de Isabel Pantoja, la viuda de España, la mujer con más pelo después de la Mona Chita, la churri de Cachuli. Cuando todo el poderío marbellí de la tonadillera hizo aparición como por arte de magia en el plató del recuperado programa, todo el mundo ansiaba que la Gemio y sus botas le preguntaran sobre Julián Muñoz y su estancia en el resort de Alhaurín. No fue así. En medio de una pregunta, se oye de repente el cante jondo de un hombre y la cara de la Pantoja se tornó melancólica y estalló en lágrimas. El programa le trajo a un compañero de cante de su padre, que con 85 años se dedicó a hablar del difunto señor Pantoja y de las andanzas de la mini-Pantoja.
Otro famoso que apareció fue David Bisbal, a quien le trajeron a su profesor de gimnasia de cuando era un jovenzuelo con acné (menuda sorpresa más cutre, si me permitís el comentario). Y no, no ha corrido rumor alguno sobre ninguna niña, ningún perro y ningún bote de mermelada. Luego, lo de siempre: familias que se reencuentran, niños que conocen a sus ídolos, mujeres que se reconcilian con sus cuñadas, primas que se agredecen lo que hizo una por la otra cuando se separó la primera del Manolo…
Y, aunque el programa de marras coincidía con el estreno de la cuarta temporada de Aída, consiguió unos registros más que notables, lo que al señor Maurizio Carlotti le debe haber alegrado las meninges cosa mala. Recordemos que el lacrimógeno show fue programado por la cadena de Planeta como dos especiales para tantear a la audiencia. Con lo que, si finalmente aceptan el segundo especial de Sorpresa, sorpresa, puede que tengamos que tragárnoslo con patatas de aquí a la eternidad. Pero bueno, peor hubiese sido que repusieran La Parodia Nacional… Hay que ver la de reciclaje que está llevando a cabo Antena 3, por el amor de Dios.
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