Mis series favoritas I
El otro día, leyendo el dominical de algún periódico, me topé de bruces con un artículo que hablaba largo y tendido de la segunda edad de oro de las series de televisión. Eso me hizo pensar en que aún queda un mes (una eternidad) para que pueda saber cómo continúa la tercera temporada de Perdidos que los americanos han decidido partir en dos. De ahí pensé en Mujeres Desesperadas, cuya tercera temporada me gustaría ver antes de que me diagnostiquen artrosis reumatoide. Y de ahí en la de series que me han gustado a lo largo de mi vida, y de las que hablaré en el post más egocéntrico y subjetivo hasta la fecha. Porque yo lo valgo.
10. Queer as folk: Vale, empezamos finos, lo sé. Ni de lejos es mi serie favorita; es más, siempre he creído que cambias de orientación sexual a los personajes y esa serie no la verían ni sus propios productores. De hecho, Queer as folk es quizás una
parte más de la ola gay-friendly y Cuatro ha tenido el acierto de emitirla cuando era pedida a gritos desde las calles de Chueca y el Gaixample (por decir algo). Un soplo (tópico) de aire fresco con el que estilo de vida gay, si es que existe, deja de ser una trama secundaria en las series para ser una en sí misma.
9. Aída: La única serie española de mi ranking personal. El resto me motivan más bien poco, y si hay alguna que me gusta, se me acaba cayendo todo por los suelos cuando empiezan a cambiar personajes y a liar las tramas hasta el sinsentido (véase 7 Vidas o ANHQV). Aída es genuina, tosca, burra, ordinaria, de la calle, sincera, hilarante y tremenda. Podría ser perfectamente el barrio en el que yo nací, y el pelaje vecinal me recuerda mucho a mis queridos convecinos. Aunque lo mejor es la madre de Aída, que nos ha dejado frases impagables como, refiriéndose a la promiscuidad de su nieta, “esta niña a los treinta años va a tener que usar un rollo de papel de cocina en lugar de un tampax”.
8. Friends: Divertida y original en sus comienzos, fue la primera serie a la que me enganché. Descubrí lo que eran las temporadas y fue el primer cofre de DVDs que me llegué a comprar. Me encantaba Phoebe, me partía de risa con las obsesiones de Monica y deseaba tener delante a Ross para darle un par de tortas y que espabilara. Pero a medida que pasaban las temporadas me hacía menos gracia, era más predecible y ya cansaba el rollo entre Ross y Rachel. Tan cansina se me hizo que no llegué a ver el final. Es lo que tiene una serie estirada hasta la saciedad…
7. La niñera: Es el punto friki de esta selección y que guarda parecidos razonables con Aída, por su vena barriobajera. Una niñera de Queens que se va a trabajar y vivir en pleno Manhattan para la familia de un millonario productor de Broadway. Lo mejor de la serie, las interacciones de la niñera con su madre y su abuela, dos judías horteras hasta la médula que están más preocupadas por casar a la niña que de otra cosa, y las puyas entre el mayordomo y la socia del productor, que finalmente acaban casándose. Una serie encantadora que me recuerda a cuando era un mini-Lunny… ay que nostalgia, por Dios.
6. Los Simpson: La maravilla de la animación hecha serie. Más de quince años creando situaciones inverosímiles para la familia Simpson y no pierden la frescura. Ha sido la primera serie de animación para adultos, la primera serie crítica con el modelo social americano y ha marcado tendencia. Antena 3 ha conseguido que nos sepamos los diálogos de memoria y que nos sepamos de memoria las vidas de cada habitante de Springfield. Como dijo aquél, un solo minuto de Los Simpson hace que perdonemos toda la telebasura de la tele patria.
Mañana, el Top 5. ¿Apuestas?
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