Ese hombre que tú ves ahí
Dani Rubio sería un nombre más de persona de la calle de no ser porque un grupo de psicólogos y especialistas en castings le seleccionó para entrar en la octava edición de Gran Hermano. Un tío que, mal que me pese, he conocido en persona mucho antes de su andanza televisiva. El caso es que estudié en la misma facultad que él, nos licenciamos el mismo día en el mismo sitio e incluso aparecemos en la misma foto del acto de licenciatura (a comprobar en la ficha personal de Dani Rubio, sección fotos personales). Aun así, nunca crucé con él más de una palabra. Y oye, no me arrepiento. Porque después de releer sus respuestas al cuestionario previo a su entrada en la casa y el videochat que hizo el martes en Terra se me quitan todas las ganas de saber de su vida.
Vosotros os preguntaréis por qué hago un monográfico sobre Daniel Rubio cuando no lo he hecho sobre ninguno de los concursantes de Gran Hermano, ¿no? El primer motivo es el clamor popular (muchos de vosotros me lo habéis pedido), y el segundo es que se trataba de una de mis apuestas a ganar el concurso, junto con Pulpillo o Mimi (sigo queriendo que gane la friki). Este tío despertará simpatías o antipatías, pero lo que a mí más me llama la atención (y de aquí mi preferencia por él) es la manera en que ha conseguido montarse un papelón del quince y, aunque cantaba más que las axilas de un levantador de pesas, engañar a sus compañeros de encierro mostrándose como un prepotente perdonavidas que se cree superior por creer que sabe poner dos ideas en la misma frase.
Es decir, que el papel que se ha montado, a mi gusto, no le acaba de cuajar. Está muy bien llenarse la boca de ideas y palabras grandilocuentes, presumir de que su herramienta es el lenguaje y decir que su libro de cabecera es el diccionario de sinónimos y antónimos (una quedada para con el personal espectador, claro). Pero si quiere dárselas de intelectual racionalista, de erudito ilustrado o de gran orador, sólo darle un mensaje: cúrratelo más. Su discurso (ficticio o no, interpretado o no) está construido de retales, de pedazos, como si de la manta de un vagabundo se tratase. Ha cogido de aquí y de allí, ha interiorizado lo que ha conseguido entender, ha escuchado campanas pero no sabe de qué catedral; y lo ha metido en una batidora con abundantes dosis de palabros que mucha gente no entiende, una pizca de conectores y un puñado de verborrea natural para conseguir el producto final: un discurso que huele a refrito.
Entre sus mayores perlas, las escritas tanto en el videochat de Terra como en su cuestionario previo a la entrada en la casa de Guadalix: “La televisión es un espejo que muestra la derrota de nuestra cultura” (y nuestros sueños unos ríos que van a parar al mar). “El acoso en la casa era nuestro juego. Ayer cité a Hitler: en una guerra los derechos son secundarios, lo que prima es la victoria. En la casa estábamos en guerra. El maltrato psicológico es un aspecto superlativo de este acoso”. “Sí, existe un ente llamado la Veneno, un cruce de Michael Jackson y un orco. Dice que me acosté con ello, pero no lo recuerdo y no lo afirmo”. “Mercedes, que me dobla en edad, muchas veces no ha podido conmigo pero no soy muy buen orador” (moco a la Milá que le debió sentar como una patada en los ovarios). “Mamen: inteligente, estratega y fea; Kiran: esquizofrénico, incongruente y trotamundos; Mimi: bochornoso, poco ejemplar, incómoda de ver; Naiala: inocente, niñata, honesta; Laura: fogosa, temperamental, inteligente; Greta: cutre; Dani L: honesto, corto y narciso; Pulpillo: muy inteligente, guasón y genuino; Javier: provocador, inteligente y creativo; Kiko: macarra, incongruente, rencoroso; Marusky: inmadura, limitada, y victimista; Laura S: jugadora, cauta y cachonda; Dani Rubio: me defino como transgresor. Dentro de la casa me ha maltratado Laura, hasta que cayó, Mamen, que me atacó y luego alguna colleja de Naiala”.
Si te hubieses construido mejor tu papel, hubieses ganado. Si no se te hubiese visto el plumero, hubieses ganado. Ojalá ganes toda la pasta que esperes. Ah! Y que acabes la carrera, que ya toca… oh ser supremo.
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