Un Bloody Mary (con cianuro), por favor
Otro de mis grandes vicios y aficiones, junto con la tele en general, es un subgénero que depende de ella y que sólo se da una vez al año. Pero cuando se da, es apasionante a más no poder. No hablo de los TP de Oro, ni de los Oscars, ni de los Ondas, ni de los Emmy. Hablo del festival europeo de la canción. O, como comúnmente se le conoce, Eurovisión. Sí, queridos y queridas, soy un friki de Eurovisión y no me avergüenzo de ello. Sé que igual con esta confesión pierdo adeptos, pero oye, a uno no le hace ningún mal algunos contenidos cutres de vez en cuando, ¿no? ¿O sí? Yo que sé.
El caso es que mis fibras capilares (70% poliéster 30% poliamida) se estremecieron anoche cuando me enteré de que, este año sí, habrá concurso público para escoger el representante para el festival de Eurovisión de este año, que tendrá lugar en Helsinki a mediados de mayo. Todos sabemos que este festival en España ha vivido épocas de mayor gloria y otras de rotundo fracaso. Hasta que Massiel ganó en 1968 con ese La, la, la, la gente lo veía, pero porque no echaban nada más en la tele. Luego vino Salomé, que repitió triunfo, y desde la catalana no hubo ninguna victoria más para España. Y con un grado de calidad decreciente en los artistas que enviaba TVE, la audiencia también fue decreciendo. Hasta que llegó Operación Triunfo a TVE, de cuyos tres finalistas se escogería el representante de ese año al certamen europeo de marras. Y ahí llegó de nuevo el escándalo. El hecho de ver a Rosa de España en Eurovisión, cantando ese pestilente (desde mi gusto) tema titulado Europe’s living a celebration elevó al festival a las más altas cotas de audiencia.
Pero las tres ediciones de OT en la tele que pagamos todos no dieron más de sí, y entonces la cadena pública decidió hacer una cosa (me niego a calificarlo de programa o gala) presentada por Carlos Lozano en el que gente de la más baja calaña musical como Las Supremas de Móstoles (que ahora se pueden versionar en el Singstar de PlayStation2) hacían méritos para representar a todas las Españas en el festival de marras. De allí salieron tres mozas andaluzas que quedaron cuartas por la cola, y este año fue aún peor. De una manera completamente desconocida, TVE decidió por su lado que Las Ketchup representasen a España este año. La cagada fue espectacular. Y este año la van a liar (o eso pretenden).
El Ente (cómo me mola llamar Ente a RTVE) ha decidido que va a emitir un programa titulado (atención) Misión Eurovisión, que va a constar de unas siete galas (semana arriba, semana abajo), y que lo va a presentar la gallega más universal y deseada, Paula Vázquez (la mujer que, antes de operarse, era una escoba del revés). La idea será que el mejor cantante se escogerá por televisión, y la mejor canción por Internet. Pero lo mejor de todo son los criterios que pide el Ente para aceptar canciones: la primera y fundamental es que no quieren baladas, porque no funcionan en Eurovisión (gran descubrimiento, vive Dios). La segunda es que quieren estribillos pegadizos y, a poder ser, en inglés (del famoso duti-fri de Las Ketchup o el selebreision de Rosa no dicen nada) y que, de tener cosas en castellano, sean palabras universalmente conocidas (paella, sangría, toro, playa… en fin, glamour castizo). Si no, proponen la opción de que sean (y cito textualmente) “onomatopeyas, estribillos con sílabas que no signifiquen nada pero sean fáciles de recordar...”. Es decir, otro Aserejé.
El caso es que a mí ya me tiemblan las piernas de ver qué despropósitos musicales se van a presentar en esta especie de OT eurovisiva. Porque no sé qué pasa en este país, porque cuando en sitios avanzados y civilizados como Suecia presentan canciones muy pegadizas y con puestas en escena espectaculares a la par que vistosas, aquí enviamos a cuatro mamarrachas sentadas en sendas sillas (de Ikea, para ganar votos escandinavos) haciendo como que son sexys y una pareja que hacen baile contemporáneo delante de ellas. Además, (dato anecdótico), los que finalmente pasen la criba inicial y actúen en las galas del programa éste, tendrán que venir vestidos, maquillados y peinados de casa. Yo propongo a mi vecina de enfrente, que cuando pasa la mopa por el rellano te canta unos fandangos que pa’ qué…
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