Risto Mejide, o el modelo del Dr. House
Hace cosa de un mes que el panorama televisivo patrio se ha visto convulsionado por una nueva figura mediática. Esta tipología de personajes los califico de hongos, porque aparecen de repente y llaman toda la atención de lo que les rodea. Como ya habréis deducido (evidentemente por el título del post) hablo del gran Risto Mejide. Para quien no lo conozca, es uno de los miembros del jurado de esta edición de Operación Triunfo y que, con sus maneras, ha conseguido arrebatarle a Noemí Galera el papel de mala que el mundo mundial le atribuyó tras semanas de salvamiento in extremis de la ex triunfita Idaira.
Este hombre, que parece salido de una peli de terror por esas gafas melifluamente oscuras que gasta, no es la primera vez que aparece en televisión siendo verdugo de pobres infelices que aspiran a la fama, el dinero o el reconocimiento social. Puede que no recordéis (yo mismo tengo que hacer esfuerzos) un programa que emitió Antena 3 llamado El invento del siglo, pero realmente existió. Para refrescar las memorias más perezosas, lo presentaba Carlos Sobera e intentaba buscar el invento más útil. Este hombre, como creativo publicitario de una de las agencias más prestigiosas de España, tenía potestad suficiente como para opinar de manera cruda sobre los inventos del tipo escoba-fregona que se inventaba el vulgo.
Ahora, la productora de OT ha decidido ficharle para esta nueva edición, gracias a la que se ha convertido en mundialmente (o españolamente) famoso con sus ataques verbales. A saber: comparó a Moritz con Gollum y le espetó que se le cayeron las orejas de sus desafines tras una poco afortunada interpretación en “La casa por el tejado”. Recientemente le ha comentado a Leo que aburre hasta a las ovejas, hasta le ha espetado a José Antonio que, por su parte, habría salido de la Academia mucho antes de este domingo. Pero su aportación más memorable al imaginario colectivo fue cuando le dijo al churrero que más pasiones levanta, Jose, que no veía producto en él y que tenía que ser producto.
Por tales perlas, Risto se lleva ahora la mayoría de abucheos, silbidos y descalificaciones mentales, sustituyendo a la Galera en el papel de juez acusador y verdugo de todo lo que se menea. Esta verborrea impulsiva del creativo publicitario responsable, entre otras, de campañas como la de Bruce Lee con el Be water my friend es altamente comparable al Doctor Gregory House. Ambos son bordes, cínicos, ariscos, dicen las cosas claras y no tienen ningún problema en que el común de los mortales le odie a muerte. Esta visto, pues, que el modelo de House triunfa (valga la redundancia) más allá del Atlántico, en países tan poco civilizados como España.
Yo, particularmente, adoro a Risto Mejide. Sí, queridos y queridas, le adoro. Cuando le toca vapulear verbalmente a alguien hago olas en el sofá de mi casa o en la silla de la oficina (cuando me toca cubrir la gala en directo, claro…). Especialmente esta semana, donde dejó a Leo a la altura del betún viniéndole a decir que transmitía menos sentimiento que un garbanzo. Y para aquellos que dicen que pisotea la dignidad de los concursantes, me gustaría decir algo: puede que ellos se puedan sentir ofendidos, pero deben saber que están en un programa de televisión, no en la academia de Fama. Hay profesores de instituto que dicen las cosas con más dureza, profesores de autoescuela que te ponen de inútil para arriba cuanto cambiando de marcha pasas de segunda a quinta, y catedráticos universitarios que rompen trabajos ante tus narices y te lo tiran a la cara. Un poco de realidad no les viene mal a estos chicos, que deben darse cuenta del privilegio que supone estar dando las clases que dan y no pagar un euro por ella, cuando fuera te pueden costar una pasta de agárrate y no te menees. Por ello, ¡sigue así Risto! y, a los chicos… ¡Adelante! (como dice el BBVA).
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Vale, hoy no he hablado de Manolo y Benito… no os puedo prometer que caerá mañana, porque tocará analizar la victoria de Supermodelo 2006. Igual para el viernes…