Ahora entiendo a Mercedes Milá
Vale, sí, ya no actualizo cada día. De acuerdo, lo hago una vez por semana. Vale, debería hacerlo más frecuentemente porque si no pierde la gracia… Pero tenéis que entenderme. No sé si os lo conté, pero hago el seguimiento de los niños de la Academia y me paso ocho horitas diarias viendo lo que hacen y dejan de hacer estos aprendices de Luis Miguel y Tamara. No creáis, la cosa tiene su aquél y me están pasando cosas harto surrealistas que ni yo mismo me explico pero que me empiezan a preocupar.
De buena mañana, nada más encender la tele para ver qué hacen y comentar algo en el maravilloso site de OT en Portalmix (ehem), les saludo. Sí, sí, le hablo a la tele como una abuela le responde a Matías Prats en el informativo de Antena 3. Le doy los buenos días a Lorena, le pregunto a Jose qué tal se encuentra de su fractura, a Mayte cómo lleva su nominación… Mis compañeros creen que me estoy volviendo majara, y no sin razón. Además, mientras espero al autobús por la mañana, mi cuerpo empieza a convulsionar y, de repente, me marco una coreografía de Batuka en medio de la parada. Así que, si alguna vez estáis en Barcelona o vivís en ella y veis a un Lunny bailando Batuka en una parada de autobús… que sepáis que soy yo y que agradeceré el saludo.
Además, estoy empezando a considerar a Edith Salazar como profesora mía, y escucho atentamente las instrucciones que da sobre cómo colocar el cuello o evitar la “vos engolada”. He adaptado mis horarios de comidas para hacerlo a la vez que ellos, me voy a fumar un cigarro cuando lo hace Vanessa, lloro cuando lo hace Moritz (es decir, que me paso el día encharcao) y critico a los demás cuando lo hace Ismael.
Me emociono en las galas, le pego gritos a la tele cuando nominan a alguien a quien no debería nominar, aplaudo cuando cantan bien… penoso, vamos… digamos que me estoy volviendo majara, porque veo más a este grupo de ruiseñores cantarines que a mi familia o amigos. Y no me diréis que no tiene delito… Por eso mismo digo que ahora entiendo a Mercedes Milá. Entiendo que Merceditas les coja cariño, que se emocione, que se ría con ellos y que al salir les trate como si fuesen de su familia porque, de hecho, les debe ver más que a su familia.
Eso también me lleva a pensar: ¿estará mi vida tan vacía como la de Merceditas? ¿Me volveré tan majara como ella que me pondré a gritar sin ton ni son? ¿Acabaré tirado por los suelos como ella en las galas de Gran Hermano? ¿Me cardo la melena o me la recojo? ¿Alguien me hace un chalequito? ¿Debo dejar de fumar? ¿Propongo a Telecinco que me den a mí el Diario de…?
Estoy como una regadera.
lunny.descarriado@portalmix.com