Reinas
El otro día, en ese estupendo programa corazonil repleto de serios y sesudos periodistas de investigación, abordaron la última polémica generada por la Casa Real: un posado de Felipe y la Leti concedido en exclusiva al diario El País con motivo del 25 aniversario de la celebración de los Premios Príncipe de Asturias, que vienen a ser como los Nobel pero en versión patria. El caso es que la tropa de inquisidores capitaneada por Paloma “exploto a jóvenes periodistas” García-Pelayo pusieron a parir a la Real pareja (que no pareja real) por haber concedido exclusiva y no haber posado para todos los medios. Luego soltaron lindezas del tipo “se abre la veda” o “luego que no se quejen si les persiguen”.
Antes de que los churumbeles de los Reyes fuesen mayorcitos e independientes, todo lo que se hacía desde Zarzuela era estupendo, maravilloso y –cómo no– campechano. Juan Carlos era cercano, Sofi una gran profesional y los niños un prodigio de belleza y portento (ehem). Hasta que empezaron a ser mayores, Elena se casó con míster España, Cristina con un jugador del Barça que además es vasco (en ese momento a Peñafiel se le deshacía el braguero del susto) y Felipito daba tumbos de hembra a hembra. Con las primeras hubo una cierta tregua (eran monas y de familia bien) hasta que llegó Eva Sannum, la jaca sueca que salía con Felipito y que a muchos despertaba el sentir monárquico (no compares una foto de Sofía con otra de Eva Sannum en bikini). La prensa empezó a discutir cada vez más airadamente sobre si la modelo era adecuada o no para hacer de Reina (ya me dirás tú) y se llegó a la brava conclusión de que no, que para tener una reina a la que todo dios le ha visto el culo, pues va a ser que no.
Y no se supo nada hasta que apareció en escena una presentadora de informativos que, de la noche a la mañana, pasó de manejar teletipos a ponerse modelitos de Balenciaga. Una tal Letizia con zeta que no tenía nada de noble y que se iba a casar con el Príncipe. Y claro, que un príncipe, con su porte y sangre azul, se case con una plebeya divorciada de la que se rumoreaba que tuvo un affaire a Alfredo Urdaci (hay que tener estómago), no sentó demasiado bien. Se casaron bajo palio porque llovía, se dieron besos castos en la mejilla y engendraron al retoño del que más se ha hablado desde que la Pantoja tuvo el valor de parir a Paquirrín. Todo muy bonito. Luego Letizia se quedó delgadísima y se ve que el país vivía en la angustia perpetua por la salud de la futura reina consorte (¿Ah si? Yo estaría en el cine o algo…); dio su primer discurso como princesa en el que sólo le faltó añadir la cotilla “Letizia Ortiz, TVE1, Madrid”; y le vimos las bragas de cuello vuelto en un acto oficial al levantársele la falda por culpa de un republicano soplo de aire.
Ahora la han vuelto a preñar y el pitote está servido. Tanto cacareo con que si Leonor sería reina (anda que no falta para que esta cría tenga edad para ser algo) y va y se vuelve a embarazar, con el riesgo añadido de que salga un niño y se cargue el modernísimo proyecto de abolir la Ley Sálica. Claro, después de que una futura reina enseñe las bragas a medio mundo es obvio que alguna porción de respeto Real había de perderse… y el resultado se puede entender con esta bella metáfora salida de la factoría mental de este estupendo Lunny (ehem): imaginaos a Leti y a Felipe en lo alto de una escalera en la que cada peldaño es un estado social. Y hay cosas que les han hecho ir bajando: sus bragas, el ser nieta de taxista, los escarceos del hijo del rey con una modelo sueca y mil historias más. Ahora les podríamos colocar un peldaño más abajo que Carmen Martínez-Bordiú (ese pato que enseña muslo en las noches de los lunes y que a todo Cristo le parece un prodigio del baile). Es decir, que cada vez están más cerca del averno, de las catacumbas, del último escalón, del lugar donde habitan pellejas de la calaña de Karmele o Lydia Lozano, quienes esperan a los herederos como hienas a un pedazo de ñu.
¿Cuál será el final? ¿Hará Letizia posados en el Interviú como si fuese Belén Esteban? ¿La infanta Elena será tertuliana del programa de AR como si fuese una Raquel Mosquera más? ¿Acudirán los herederos como invitados a las casposas fiestas veraniegas que monta Gunilla Von Bismarck en la noche marbellí? ¿Montarán un bar al estilo de Yola Berrocal? ¿Se presentarán a la alcaldía de Marbella? ¿Llegará la Tercera República porque de tan poco respeto que quede se confundirá a los Borbón con los Pajares? ¡Uy, perdón, que la palabra República no se puede decir! Qué cabeza la mía…
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