Los diputados italianos se drogan
No, no es una afirmación gratuita. Al menos, es de lo que nos hemos enterado gracias al programa Le Iene (Las Hienas), la versión italiana del Caiga Quien Caiga español. Os pongo en situación, que yo aún no salgo de mi asombro. Resulta que, en la línea gamberra y transgresora que caracteriza al programa, unos reporteros del programa se acercaron al hemiciclo italiano y, sin que los diputados lo supiesen, les hicieron una prueba con un tampón para determinar si han consumido drogas. La respuesta es estupefaciente (con perdón): según los resultados de tal prueba, un tercio de los diputados de la Cámara Baja italiana habían consumido o bien hachís o bien cocaína. Vamos, petas y coca.
¿Cómo consiguieron poner tampones a los diputados? No, no fue a la salida de una discoteca. Los reporteros iban acompañados de una supuesta maquilladora que, entre polvo y polvo (con perdón), les pegaba un tamponazo. El sistema este de detección de consumo de drogas se llama drug wipe (limpio de droga) que, aunque los responsables del programa aseguran que es 100% fiable, fuentes médicas aseguran que es sólo un test preliminar que debe cotejarse posteriormente. Aprovechando que se aprobaba una nueva ley, los reporteros entrevistaron a cincuenta diputados y, de ellos, dieciséis dieron positivo en la prueba en cuestión. La polémica está servida y el programa de esta noche, cancelado.
Esto llega en un momento en el que, además, el Parlamento italiano acaba de aprobar una durísima ley que pena el consumo y tráfico de drogas. Por supuesto, también ha llegado a indignar a varios representantes políticos. Incluso la nieta de Mussolini, que es diputada (aquí la nieta del dictador es sólo bailarina aficionada) ha declarado que “estamos en una dictadura” y que “la censura de una investigación periodística es un hecho grave”. Lo que hacen algunos para arañar votos sabiendo lo que tienen detrás…
Todo ello porque la emisión de este programa de Le Iene estaba programada para esta noche en el canal Italia 1, del grupo Mediaset, propiedad de (cómo no) Il Cavaliere, Silvio Berlusconi, también conocido como El ojo que todo lo ve. Y eso es un problema, que era infinitésimamente más grave hace un par de años, cuando Berlusconi era Primer Ministro. Con vuestro permiso os hago una brevísima lección de poderío político: Il Cavaliere llegó a controlar las tres televisiones públicas italianas (Rai1, Rai2 y Rai3) y las del grupo Mediaset, entre las que se encuentran Canale Cinque e Italia 1, de las que ya era propietario antes de ser el jefe del Gobierno italiano. Además, controla grupos editoriales, periódicos, revistas y varias agencias de publicidad. Os lo dice alguien que ha vivido en Italia su tiempecito... En resumen, que el señor tenía un holding empresarial de aquí te espero en el que nadie podía decir nada que no fuese acorde a las directrices post-fascistas de Berlusconi ya que, de lo contrario, se iba a la calle a pelar monas. Además, es uno de los personajes más ricos de Europa.
Con todo este rollo macabeo quiero decir que en Italia ya llevan sus añitos con la libertad de expresión bastante coartada, y ya están bastante acostumbrados a la cancelación de programas. En este caso no voy a entrar en el debate de si es lícita la manera de conseguir estos resultados o no, sólo quiero llamar la atención sobre dos cosas: la primera y conspiratoria; que los diputados de un país del primer mundo se metan de todo menos miedo, y la segunda; los puntos hasta los que llegan las televisiones con tal de conseguir audiencia y transgredir para captar el morbo de personal. La dicotomía universal víctimas-verdugos es, a veces, difusa.
Y vosotros, ¿creéis que es lícito esto o simplemente es una intrusión en la intimidad con premeditación, nocturnidad y alevosía?
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