Gorgoritos y rebuznos
Aunque algunos creíais que había desaparecido en combate, no ha sido así. Disculpad la tardanza en actualizar, pero ya sabéis que mi adicción a la tele no tiene límites. Y claro, si me empieza OT y nos empiezan a llegar cosas y cosas de los nuevos triunfitos, es normal que uno se obceque y se dedique a saberlo todo-todo sobre ellos. Además, me paso el día con un ojo en las 24 horas de la Academia y otro en lo que pasa en la tele en general. Es decir, que igual acaba peligrando mi salud mental, que ya de por sí no es demasiado buena. ¡Ah! Y tengo previstos ya varios temas para despellejar, no creáis. De Desafío bajo cero hablaré, y tanto que hablaré. Pero creo que hoy es de recibo comentar la gala de OT del pasado domingo… sin entrar en la adecuación de la gala en la parrilla, que eso ya es otro cantar.
A veces pienso que ver las galas de presentación de un reality es como seguir un régimen: te mentalizas en que no verás las galas, le das vueltas, intentas escapar de la tentación, pero cuando menos te lo esperas te encuentras sentado en el sofá escuchando a los triunfitos cantar o graznar (hay diferentes variantes de expulsión de voz por la boca) y cagándote en alguno de los miembros del jurado cuando nomina a tu concursante favorito. Y lo que es lo peor: con una bolsa de patatas fritas en la mano. Y terminas así, cayendo en el gusto de la mayoría y criando esas lorzas laterales que cada mes de mayo decidimos abandonar.
Esa es la grandeza de un reality. Que desde el principio te enganche. Si de buen principio no tiene ese encanto, ese magnetismo, esa sensación de “oh Dios mío, quiero ver las 24 horas a la voz de ya”, es bastante improbable que acabemos esperando ver las galas. Y Gran Hermano u OT consiguen eso: que veas la gala inaugural, todo ese despelote de luces, sonido, vídeos, sorpresas, voces, caras nuevas y cuerpos; y que tu subconsciente diga algo como “pues va a ser que me voy a tragar el programa con patatas”.
No sé a vosotros, pero a mí el pasado domingo me entró una angustia existencial de agárrate y no te menees cuando Jesús Vázquez estaba a punto de decir quién era la última persona en entrar a la Academia. Si el guapo atractivo te-ví-a-comé-tó-lo-negro o Claritzel, quien, después de no poder entrar en la Academia, se ha convertido en una de las personas menos afortunadas de España. He de reconocer que yo deseaba que entrase Claritzel en la Academia, porque después de lo que le pasó el año pasado (en el que entró Trizia gracias a los problemas cardíacos de la cubano-tinerfeña), la pobre merecía entrar. Pues no. El público fue tajante y hale, el buenorro y el que se ha adelgazado veinte kilos, para adentro. Y tengo que decir que estoy de acuerdo con que Melissa no entrara en la Academia. Después del destrozo que hizo en la gala, no me extraña que la dejasen fuera. Porque, a ver… ¿para qué escoges una canción de Paulina Rubio, el paradigma de los gallos concentrados en una garganta, para entrar en una Academia de gorgoritos y florituras vocales? Ella estaba predestinada a no entrar, qué queréis que os diga…
Por lo demás, mis favoritos son Mortiz, Lorena y Saray. Al menos, de momento.
Y a vosotros, ¿quién os gusta más? ¿Visteis la gala inaugural? ¿qué pensáis de que OT lleve ya cinco ediciones?
lunny.descarriado@portalmix.com
Una mención especial a mis antiguos Lunnis, que optan a un Emmy en la categoría de programa infantil. Fíjate tú qué cosas...