Una vez leí en una revista de estas cuquimodernas a las que los snobs les llaman
de tendencias que el poderío económico de una época se ve reflejado en la moda que se diseña, ya que van a la par. Esto me hizo pensar en algo que ya llevo tiempo observando y que realmente no sé a qué obedece. Si os acordáis (los que estáis más cerca de los treinta que de los veinte), había un programa en
La2 –cuando aún se llamaba
TVE2– titulado
Con las manos en la masa, cuya sintonía aún tarareamos algunos mientras hacemos la masa de las empanadillas.

Una vez que el programa de
Elena Santonja terminó sus emisiones, los y las cocinillas de este país se quedaron faltos de un referente gastronómico al que imitar. Hasta que desde
Zarautz llegó un vasco muy campechano él que se hacía llamar
Karlos con K y que le metía perejil hasta a los helados de vainilla. Con él comenzó una nueva era de cocina televisiva, de la que se erigió como rey absoluto y aboslutista de los mediodías. Empezó cocinando para amas de casa aburridas de freír
San Jacobos y terminó dando consejos de cocina fácil a hijos recién independizados (aunque con el precio de los pisos, creo que ya sabrán hacer hasta
pato a la naranja con espuma de rábano y aire de fresas sobre un lecho de setas silvestres maceradas en aceite de huevos de codorniz turca).
Pero cuando el mundo descubrió a
Ferran Adrià,
Juan Mari Arzak y demás cocineros de lo imposible, la gente se volvió de paladar refinado como por arte de biribirloque y nos dedicamos a intentar imitar platos deconstruidos, con un resultado más terrorífico que la escobilla del retrete de
José Coronado. Y cuando los restaurantes decidieron restringir las raciones y aumentar los precios, el mundo comenzó a dar vueltas en una espiral que no parecía tener fin. Y entre tanta vuelta decidieron entrar a dolor en la tele.
En un año hemos visto surgir como setas programas de cocina:
Telecinco se sacó de la manga el fallido
Esta cocina es un infierno, primer reality de la historia de este país cuya final era disputada por más personas que integrantes tiene un equipo de fútbol; a
Cuatro se le encendió la bombilla y montó
Todos contra el chef y
Duelo de chefs; y
LaSexta empezó sus emisiones con la hermana de
Arguiñano en
Hoy cocinas tú. Mientras tanto, en
Telecinco sigue
Karlos como rey supremo, en
TVE1 tenemos a
José Andrés con sus cocinas vespertinas, el cocinero de turno de
Saber vivir, el de
Por la mañana… sin contar los cocineros oficiales de cada televisión autonómica, claro está.
Conclusión: ¿nos estamos volviendo majaras o nos está entrando una ansiedad gastronómica que no nos la podemos ni creer? ¿Es normal que una persona de a pie haga frankfurts con puré para cenar y los amontone uno encima del otro para que el plato entre por la vista? ¿Por qué
Ferran Adrià ha hecho que los restaurantes nos hagan pasar hambre? ¿Por qué los platos son cada vez más grandes y las raciones caben en una cuchara sopera? ¿Quién se inventa tantos programas de cocina? ¿La gente que toma nota de las recetas las hace realmente? ¿No se vuelven locos con tanta receta y tanta cosa? Si esto responde a la tendencia económica actual significaría que somos tan ricos que no sabemos qué hacer con el dinero… y a mí no sé qué me pasa que me tengo que comprar el suavizante de oferta.
Y a vosotros, ¿qué os parece toda esta profusión de gastronomía fácil y rica-rica? ¿Habéis hecho alguna receta de algún programa?lunny.descarriado@portalmix.com