Seres humanos de ahí afuera, debo anunciaros que se cumplieron mis predicciones.
Odilia Pamela, la chica con nombre de secundona de culebrón venezolano, abandonó la escuela de modelos. Básicamente por lista, ya que en el momento de entrar sentenciaba que lo hacía para ganar el concurso. Los telespectadores hemos ido aprendiendo a fuerza de realities que ésa no es la manera de ir a un programa, creyéndose la reina del mambo. Si ya lo decía yo… entre mi visión de
Carmen Russo como ganadora de
Supervivientes, el buen camino que está llevando
Olaya para ser ganadora de
Libertad vigilada y el hecho de que la expulsada de ayer en
Supermodelo 2006 fuese
Odilia Pamela, me estoy empezando a plantear el abrir un gabinete de videncia, predicción, tarot y hechizos. Ríete tú de la
bruja Avería.

Pero soy consciente de que os debía un comentario sobre
Supermodelo 2006. Y os voy a ser sincero… no sé por dónde empezar. Quizá lo más representativo del programa es ese aura de seriedad, de “vamos a currar en serio que esto no es un concurso del
Club Megatrix”. Y claro, el mayor exponente de esa sequedad y esa falta de buen rollo es la top model metida a presentadora:
Judit “la fama cuesta y aquí vais a empezar a pagar por ella con sudor” Mascó. Digi-evolucionada en una dama de hierro que intenta hacer ver que es presentadora, la catalana ejerce de siniestra maestra de ceremonias. Su cara impertérrita, su frialdad a la hora de largar a las expulsadas o su manera de intentar improvisar pasarán a los anales de la televisión de todas las
Españas.
Pero lo más de ese programa son las nominaciones: ese momentazo tan prepotente en el que personajes tan televisivos como la grandiosa
Antonia Dell’Atte (a quien desde aquí le confieso mi admiración total y vitalicia),
Laura Ponte con su cara de mal genio, la permanentemente abonada a
Cuatro Paola Dominguín o
Emmanuel Rouzic se dedicaron a tocar a las concursantes. Qué bonito, oigan. Los cuatro verdugos paseándose arriba y abajo por la pasarela, examinando a las concursantes que estaban quietas como pasmarotes, y finalmente tocando a tres de ellas en el hombro para anunciarles que están salvadas de la cruel nominación. Y como si se tratase del
César decidiendo el final de un torneo de gladiadores, la
Mascó decide quiénes deben ser las dos nominadas. Sobrecogedor.
¡Y qué pruebas! Posar bajo el agua vestidas de noche (ya me dirás tú lo que favorece eso) o posar mientras corres por una cinta vestida en plan
Baqueira-Beret.
Consecuencias: modelos góticas que parece que se acuesten cada noche con siete serpientes y dos murciélagos se acojonan por meterse en una piscina; chicas descentradas cuyo cerebro no aguanta mucho coordinando la acción “correr” con la acción “posar” y acaban pegándose el tortazo de la vida al estilo
Olaya… Gran programa, oigan, gran programa donde el entretenimiento se mezcla con la crueldad cáustica que tienen que sufrir las aspirantes a modelo. Y claro, ver a niñas de dieciocho años derrumbarse porque unas tienen bufanda y ella no… es claramente impagable.
- La noticia del día: Camera café cambia de horario. Es de traca. A la que algo funciona, lo cambian de horario y j*den a todo el mundo que se recuperaba del informativo con las lindezas de la
Cañizares.
- Para llorar un poco: La productora
Globomedia, responsable de
Aída o
Los Serrano, ha escogido como imagen corporativa a una cabra encima de una escalera. ¿Y la música promocional qué será? ¿
Cuando zarpa el amor de
Camela?
- Evento del día: Vuelve
Cuéntame cómo pasó a
TVE1 con un refrito especial de estos que les gustan tanto a los productores y amargan a los televidentes. ¿El
leitmotiv? Éxitos de los setenta. “
Eres tú, como el fuego de mi hoguera”.