Te levantas a las doce de la mañana en tu coqueto apartamento en pleno centro de la ciudad y te quitas el antifaz de terciopelo de cabra andina para que los rayos de sol inunden tu rostro. Con un saltito, te plantas en el baño, te pegas una ducha con jabón de esencias a 57 dólares el bote y te lavas el pelo con champú de placenta de koala al aroma de mandrágora tibetana. Te echas tus cremas para mantener la piel tersa y espléndida y te cepillas los dientes. Escoges un conjunto adecuado al día de la semana, la hora, el tiempo, tu estado de ánimo y el color de tus cejas. Falda estilo años cincuenta de
John Galliano, camisa de
Issey Miyake, pañuelo anudado al cuello de
Carolina Herrera, sombrero y bolso a juego de
Prada, y unas sandalias con tacón de doce centímetros firmadas por
Manolo Blahnik.
A la una del mediodía llegas a la cafetería de diseño que hay en la esquina de la calle 45 con la 62 donde te esperan tus estupendas amigas. Os tomáis un
brunch –consistente en té rojo, un sándwich de apio con huevas de calamar del Caribe y una

tortilla de huevos de codorniz indiana a la espuma de remolacha- y os explicáis vuestras últimas aventuras sexuales, vuestras compras y os asesoráis mutuamente sobre qué revista trae el mejor reportaje sobre decoración. Por la tarde das un paseo por
Nueva York dando saltitos como una pazguata, te compras unos zapatos de
Dolce&Gabbana por 400 dólares, el dependiente te echa un polvo y te vas a tu coqueto apartamento a escribir la columna semanal en tu
laptop última generación estando sentada en la postura menos ortodoxa posible. Por la noche, el hombre que te trae loca te invita a cenar y entre copa y copa de
Chardonnay os vais a su apartamento para tener sexo desbocadamente y dormir entre sus sábanas de seda cachemira.
Pero, en realidad, te levantas a toda leche a las siete de la mañana en el minúsculo piso por el que pagas al banco una hipoteca insultante y te pegas una ducha con gel de oferta del
Día mientras sube el café. Te pones unos vaqueros que te costaron tres cincuenta en el
Lefties, una camiseta que alguien se dejó en tu casa y te haces una coleta. Coges el bolso de
Bershka color morado que no pega ni con cola con nada de lo que llevas puesto y te diriges a la estación de la
Renfe. Te metes en el vagón de
Cercanías cual borrega y llegas al curro diez minutos tarde. Tu jefe te echa la bronca y pones a cargar el móvil para ahorrar luz en casa. Comes de menú en la
Tasca Pepe porque te has dejado el táper en casa. Sales más tarde de trabajar para echar horas extra; que si no, no llegas. El hombre por el que suspiras pasa de tu cara y no tienes sexo con dependientes ni tomas
Chardonnay entre polvo y polvo. Te metes en la cama acompañada por un
Sopinstant y un sandwich, y ataviada con un pijama de algodón de ositos mientras ves la tele, sola.
Y todo por culpa de
Carrie Bradshaw.
- La noticia del día: Ernesto Sáenz de Buruaga (así son las noticias y así se las hemos contado) vuelve a la tele para presentar un programa de actualidad. Que Dios nos pille confesados.
- Para llorar un poco: Enésima reposición de
Aquí no hay quien viva.
- Evento del día: Dos equipos catalanes se disputan la
Supercopa de España. Curioso.