ANTE TODO, UNA SENTIDA DISCULPA: este blog ha sufrido una evidente sequía lo que llevamos de 2009.
Las excusas que podría poner para justificarlo serían tan peregrinas que prefiero no acabar sonando falso. Sí me gustaría que quedase claro que si bien a lo largo de estos meses yo he podido olvidar que tenía un blog... agradezco a muchos de vosotros que de vez en cuando me lo hayais recordado, así como reprochado su abandono. ¡Perdón!
... sin embargo hoy he encontrado un gran motivo para retomar el hilo y aportar una "novedad" que espero sea del agrado de algunos.
La noticia de la muerte de Michael Jackson nos pilló a todos de sorpresa y como, bajo mi modesta opinión, ha sido uno de los nombres fundamentales de la música popular de todos los tiempos (delirantemente genial, exagerado en lo bueno y en lo malo), he sentido una necesidad imperiosa de homenajearlo de alguna manera.
Ayer lo hice repasando su discografía... hoy publico aquí un texto que escribí sobre MJ allá por 2005, de actualidad aquel entonces por la conclusión de su último polémico juicio.
Tras una larga temporada ausente de los medios, Jacko reaparecía mostrando al mundo un aspecto irreversiblemente decadente.

No quedaba apenas nada de aquel Dios Musical que coronó las listas durante casi tres décadas... y mi reacción al verlo entonces ha sido muy similar a la del pasado jueves tras conocer la noticia de su muerte. Sólo que esta vez toda esperanza de verle nuevamente sobre un escenario se cortaba de raiz.
Las sensaciones de 2005 mientras escribía el siguiente texto (en el que incluso osé profetizar un final del ídolo no muy alejado del de antesdeayer) están vigentes en un día como este, salvo, lógicamente... el final.
Como prefiero no cambiar ni una coma, el final del mismo lo escribo ahora, antes de que empiece:
Gracias por haber emocionado al mundo con tu talento, y por dejar tras de ti una obra tan sublime como imperecedera.
Un icono del Siglo XX... ¡ahí es nada!

"AUGE Y CAÍDA DEL CAMINANTE LUNAR" ...26 Mayo 2005)
La primera foto de un artista que puse en la pared de mi cuarto (allá a mediados de los 80) fue de Michael Jackson.
Recuerdo que planté dos: una en la que estaba en pleno movimiento salvaje durante un concierto y otra en la que caminaba con una casaca digna del Sgt.Pepper seguido por un ejército de guardaespaldas…dichas fotos las recorté de una revista de mi madre y en ambas aún estaba negro.

También recuerdo lo que me impulsó a realizar semejante acto iconoclasta.
Poco antes había estado en casa de un amiguito del colegio y entramos en el cuarto de su hermano adolescente (probablemente uno de los chicos más modernos de La Rondilla, quien solía vestir y peinarse como el cantante de Pet Shop Boys, un Carlos Berlanga de barrio) en busca de un cassette que me iba a dejar.
Una vez dentro contemplé entusiasmado como toda la pared estaba ocupada por una serie de posters brutales, en particular uno de Eurythmics que jamás podré olvidar. (Será que los dulces sueños están hechos de esto)

En ese instante decidí que los muros de mi habitación (tan solo poblados por un poster de La Real Sociedad de la temporada 84/85) estaban bastante sosos y que tenía que hacer algo urgente al respecto.
Para ello me vi obligado a agudizar el ingenio pues no tenía dinero para comprar posters chulos, lo más parecido eran las minipegatinas de artistas que entraban en bolsas de Matutano o chicles de duro… las revistas de la época estilo "Superpop" ofrecían alguno pero solían ser de artistas romprebragas de la época o de gente que no me gustaba (yo fui rarito para eso desde siempre)… con lo que me dediqué a husmear en todas las revistas y diarios que aparecían por mi casa, adelantándome unos cuantos años (tijera en mano) a la posteriormente célebre actividad informática del "cut & paste".
Poco a poco mi blanca pared acabó pareciéndose a aquella del psicópata de "En la línea de fuego" (llena de fotos del asesinato de Kennedy…) pero en este caso la temática era musical y por si alguien lo duda: yo no planeaba asesinar a nadie.
Hoy he recordado este episodio de mi infancia tras leer en la prensa otra patética noticia más acerca del juicio a Jacko, y ver una foto suya actual… nadie diría que se trata de la misma persona que inauguró mi Hall of Fame personal hace 20 años.

De hecho tenía un aspecto bastante más saludable por aquel entonces, metido en el papel de zombie danzarín en el vídeo de "Thriller".
Precisamente aquel impresionante vídeo (que rompió moldes y supuso una cumbre en el género) va unido a alguno de mis primeros y torpes recuerdos sexuales.
Por aquella época lo solían emitir casi todas las tardes en TVE y acostumbraban a precederlo de otro (el ente público era bastante repetitivo) también mítico: el "Holding out for a hero" de cierta cantante galesa con aspecto de Jessica Fletcher... que también solía sufrir eclipses totales de corazón…
Pues bien, durante una fiesta de cumpleaños en la casa de un niño de mi clase (donde estábamos atiborrándonos de refrescos, tarta y gusanitos) al ver en la pantalla del salón el paroxismo pop de Bonnie Tyler a punto de despeñarse por el acantilado pidiendo desesperadamente un héroe… supe que a continuación llegaba el turno del show de Jacko en el camposanto.
Así se lo hice saber al niño anfitrión y éste, nada más comenzar el mítico vídeo, cerró la puerta del salón, apagó las luces del mismo… y procedimos a intentar acojonar a las niñas allí presentes, avalanzándonos incluso sobre ellas, sobándolas, mordiéndolas… casi eyaculándolas.

En fin, imagino que alguien podría echarnos en cara la naturaleza lamentable de este ritual de apareamiento pre-adolescente… sin embargo cada vez que veo ese vídeo me parece bastante estúpido ver como Michael lleva a su chica de paseo romántico por (nada más ni nada menos) un cementerio!!! Eso sí que era torpe y no nuestro ataque hormonal bajo los efectos de una sobredosis de Casera Cola…
Por aquella época el muchacho era noticia constante en prensa por asuntos realmente delirantes: iba acompañado a entregas de premios por un mono, compró el esqueleto del "hombre elefante", se decía que dormía en una cámara de oxígeno, que planeaba ser el primer artista que actuara en la luna… cosas estas que en su momento parecían sensacionalismo puro y duro (nadie sospechaba de ese chico tan majo que cantaba "we are the world, we are the children") pero que a la postre acabaron revelándose como ciertas.
Poco después sacó su nuevo disco "BAD" y apareció con un color de piel y un rostro chocantes, llevando a sus últimas consecuencias el lema de la farándula de "un artista debe reinventarse a sí mismo constantemente".
Los cambios de look del camaleónico David Bowie quedaron ridículos ante el nuevo aspecto de Jackson por obra y gracia de la cirugía estética.
Compré BAD en cassette grabado en el mercadillo de La Manga (aquellos primerizos top-manta) y en su momento me pareció (sigue siéndolo) una pequeña obra maestra. Años más tarde fue el primer CD que tuve.
Nuevamente el lanzamiento del disco fue impecable: los singles contundentes e irresistibles se sucedían, acompañados de sublimes videoclips.

En el que daba título al disco Michael salía en plan malote liderando a una pandilla de golfos bailando por el metro de Nueva York, llevándose la mano a la entrepierna cada dos por tres.
Parece mentira pero la gente en aquella época se fijaba y escandalizaba más con el hecho de que se estaba tocando los huevos que en su "milagroso" volantazo hacia la raza caucasiana.
A pesar de gustarme tanto el vídeo como la canción, no pude evitar sufrir cierto desencanto al analizar un poco el contenido de la misma, sobre todo lo referente al texto.
Imaginé lo siguiente:
- …que un artista español lanzara al mercado una canción titulada "Malo"
- …que en ella repitiera constantemente "soy malo, soy malo… auuh, qué malo que soy!!!"
- …y que en el clip saliera vestido de macarrilla dando saltitos… "malo, malo de verdad… auh!!"
Conclusión: semejante crack no se comería un rosco, sería objeto de burla nacional y debería esperar 15 años para ver su trabajo reconocido en alguno de los volúmenes de "Spanish Bizarro".
En cambio Jackson con ese guión fue número uno mundial y vendió 40 millones de ejemplares del proyecto… curioso.
En el genial vídeo del siguiente single (el sublime "The way you make me feel") MJ volvía a darnos claras muestras de sus limitadas dotes para el ligoteo.
Nuevamente perseguía a una chica (esta vez tuvo la delicadeza de hacerlo en un lugar sin tumbas) mostrando todo su inagotable repertorio danzarín (sacudidas pélvicas incluidas) dejándola más claro imposible que estaba en celo y quería meterle un viaje… Como resultado tras tanto esfuerzo el clip concluye con un plano al contraluz en el que ambos se funden en un casto abrazo.

En su día pensé que la chica en cuestión debía de ser de Valladolid, pero al poco tiempo quedó claro que la razón de semejante final apto para menores de 7 años era otro… el problema estaba en él: un hombre que se agarraba unos genitales de los cuales carecía.
Sin embargo a pesar de las alteraciones anatómicas de rey del pop, su voz seguía siendo prodigiosa, válida para afrontar baladones del calibre de "I just can’t stop loving you", coquetear con el rock en "Dirty Diana" o alcanzar una intensidad por encima del coro gospel que lo acompañaba en la monumental "Man in the mirror".
A modo de apoteosis final de BAD, se lanzó como single la canción más extraña del LP: "Smooth criminal", nuevamente acompañado de unas imágenes para la historia. Ahora irrumpiendo en un garito de mal vivir, disfrazado de pulcro mafioso con traje blanco… acertando a introducir una moneda en el jukebox desde una gran distancia, dando así el pistoletazo de salida a una pequeña odisea musical en la que ponía el tugurio patas arriba.
¿Su mejor videoclip? Es probable que sí… la única pega es que nunca nos hemos acabado de enterar si Annie estaba bien…

La joya formaba parte de una extravagante película titulada "Moonwalker", tan buena en lo musical como paupérrima en lo argumental.
¿Hace falta que diga que piqué y fui al cine a verla? Supongo que a estas alturas del relato es innecesario… también conseguí que me grabaran el juego de ordenador que salió sobre la peli, un juego que, digámoslo finamente… no era el "Golden Axe" precisamente.

En mi afán recopilador aproveché un viaje a Londres para comprar en la tienda de discos más grande del mundo (por lo menos en 1990 lo era) el LP "Thriller" (en vinilo, aquí lo tengo delante mientras escribo estas líneas) aportando mi granito de arena al record que todavía hoy ostenta como "disco más vendido de la historia".
Pocos meses después, ya en Valladolid, colmé la última laguna adquiriendo su primer disco: "Off the wall"… ambos, al igual que "Bad", producidos por el gran Quincy Jones.
Menciono a Quincy porque ya no iba a estar presente como productor en el siguiente album de Jacko y esa circunstancia vino a significar el principio del fin, musicalmente hablando…
Corría el año 1991 cuando Michael atacó de nuevo.
Mis gustos musicales por entonces habían cambiado ligeramente… me dejaba el pelo largo, me salieron granitos, mi vecina protestaba cada vez que Axl Rose berreaba a todo volumen en mi cadena, guardé luto por la muerte de Freddie Mercury, probé mi primer cigarrillo, descubrí los pocos escrúpulos de ciertos bares a la hora de servir alcohol a menores… en tres palabras: Rock and Roll.

En medio del renacer del rock en las listas de éxitos gracias al fenómeno "grunge", Michael sacó a la luz "Black or white" como adelanto de su nuevo disco "Dangerous".
Recuerdo perfectamente el día que vi el estreno del vídeo en canal plus, presentado por el puto Fernandisco.
Aquella premiere fue vendida por la cadena como una especie de acontecimiento y la verdad es que no defraudó las expectativas creadas… la canción no me parecía especialmente brillante pero las imágenes nuevamente eran demoledoras.
Mi percepción de la música había cambiado en los cuatro años que separaban ese instante a la compra de "Bad" en el mercadillo manguero, pero tras ver a MJ nuevamente en acción, en plena forma… no pude más que rendirme ante la evidencia: ¡era grande!
Así que renové mi entusiasmo y compré el nuevo y "peligroso" disco.
Tras la primera escucha eché terriblemente de menos a Quincy Jones… el gran éxito del año anterior en la música negra había sido Mc Hammer, el rap estaba de moda así que Jacko (por desgracia) se rodeó en el estudio de grabación de colaboradores procedentes de ese mundillo.
Como resultado (bajo mi modesta opinión) la mitad del disco tenía canciones con arreglos bastante lamentables mientras que en la otra mitad (sobre todo en las baladas o medios tiempos pop) se apreciaba al Michael Jackson clásico en estado puro.

Aunque tuvo un par de números uno y los vídeos seguían siendo buenos "Dangerous" no vendió la cifra de ejemplares esperada y la eterna gira mundial que hizo aquel par de años fue lo más megalomaníaco que se recordaba desde los discursos de Hitler ante las multitudes en Nuremberg.
Su aspecto cada vez era más decadente, se le acusó por primera vez de abusos sexuales a un menor (zanjando la cuestión de manera tan sospechosa como torpe, extendiendo a la familia del churumbel un suculento cheque para que olvidasen el asunto), se casó con la hija de Elvis, tuvo hijos utilizando métodos de concepción artificiales…
Como anécdota personal acerca de "Dangerous" siempre me viene a la mente París, en la noche del 20 al 21 de diciembre de 1993. Yo me encontraba allí con unos amigos del instituto (afortunados ganadores de un viaje por la patilla a la Ciudad de la Luz), era nuestra última noche antes del regreso a España y había una pequeña fiesta de despedida en una sala que tenía la residencia donde nos alojaron.
Como coincidía con mi cumpleaños estuvimos bebiendo un poquito (de manera clandestina a espaldas del profesorado) así que cuando se inició el baile nosotros íbamos algo más acelerados que el resto de los presentes.
Lamentablemente los gabachos de la residencia no estaban muy bien provistos de material musical… recuerdo haber bailado el "saturday night", algo de "Ace of base", "2 Unlimited"… hasta que de repente alguna lumbrera sacó el CD de Jackson, poniéndolo enterito, de principio a fin…
Repito que nosotros íbamos contentillos y bailábamos hasta la música del telediario… pero aquel maratón de la peor versión conocida de MJ no era de recibo. De hecho cuando empezó a sonar la pastelada "Heal the world" asistí a un momento grotesco, casi apocalíptico: profesores y alumnos con las manos en alto, agarrados formando una cadena (igualito al anuncio aquel de cocacola), como perfectos gilipollas, balanceándose, canturreando…

¡Dios qué panorama! Al instante encendí un Gitanes y huimos hacia el lugar donde teníamos escondida la botella de whisky, permaneciendo ocultos los minutos suficientes para no ser enganchados por nadie que nos obligase a participar en semejante horror.
Fueron tales las secuelas psicológicas que aquella audición francesa del "Dangerous" dejaron en mi mente (una mezcla explosiva de whisky barato, cigarrillos sin filtro, sexo frustrado, mantas ásperas, sudor africano, bailes regionales, caca de paloma…) que una vez de regreso a casa tardé mucho tiempo en escuchar el disco en cuestión… se llenó de polvo el cabrón.
Su siguiente lanzamiento tuvo lugar casi un lustro después y tampoco satisfizo las expectativas, se trata del doble CD "HIStory" que contenía un disco con grandes éxitos y otro con temas nuevos. ¿Tan poca fe tenía el hombre en sus nuevas propuestas que necesitó arroparlas de viejos éxitos? Sin duda la compañía discográfica tuvo mucho que ver en semejante decisión… de todos modos aunque el resultado fue bastante irregular, el genio persistía agazapado en algunas nuevas joyas ahí presentes, tales como "they don’t care about us", "money" o "stranger in Moscow".
A este disco le siguió una especie de gira mundial que lejos de la fastuosidad y triunfalismo del glorioso pasado ahora viraba hacia una especie de saldo de comercio de barrio, abandonando los grandes y míticos escenarios globales pasando a actuar en extrañas localidades.
Como ejemplos sirvan las dos fechas españolas, que tuvieron lugar en Tenerife y Valladolid.

Si en la época en que yo trataba de meter mano a las niñas oculto tras los efectos especiales de "Thriller" o jugaba con el Spectrum al "Moonwalker" alguien me llega a decir que Michael Jackson iba a actuar en mi ciudad… el ataque de risa me habría convertido al instante en un pequeño cadáver rubito. Habría apostado lo que fuera (con quien fuera) a que eso no era posible… pues bien, el acontecimiento se produjo y con tremenda decepción asumí la circunstancia de que mi antiguo ídolo estaba acabado.
Desde que el evento fue anunciado en ningún momento me llegué a plantear la posibilidad de acudir, bastante tenía con ver arrastrarse en el estadio de fútbol a los jugadores del Real Valladolid como para encima presenciar en el mismo recinto como la sombra del mito se hacía pedazos.
Para más inri, dicha gira "de provincias" en busca de público cateto ni siquiera sirvió para llenar los estadios que en las grandes capitales europeas se le resistían. Nuestro templo futbolístico presentó una entrada bastante pobre y según me dijo mi primo (que sí acudió) acabaron abriendo las puertas para que entrase gente y la sensación de fracaso no fuera tan evidente.
Aparte del poco público presente, mi primo (aún por entonces fan incondicional del astro, hasta ganó un concurso de imitadores de Jacko hace años en una discoteca) no hizo comentarios precisamente positivos sobre el show…
Aunque Billie Jean seguía sin ser su amante, la pregunta de "quién es malo" la acabó respondiendo "el hombre en el espejo".
Con su posterior disco "Blood on the dance floor" logró ya lo inconcebible en un artista de su magnitud: la más absoluta indiferencia…
Sus apariciones en prensa se limitaban a nuevos escándalos: más meteduras de pata (o de otras cosas, eso lo decidirá el juez) con menores, que llenara de nuevo el frasquito para inseminar a otra madre de alquiler, que si estaba en bancarrota virtual, problemas de salud…
A pesar de todo persiste en el empeño y edita su primer disco para el siglo XXI, fue en 2001 y teniendo en cuenta la naturaleza vulnerable del artista resulta cuando menos cómico que lo hiciera bajo el título de "Invincible".

Sin embargo la vieja fórmula antes infalible ahora pincha en hueso.
El primer single "You rock my world" (una canción apreciable) salió al mercado con un vídeo del clásico estilo Jackson: alto presupuesto, larga duración, ambiente mafioso, buenas coreografías, apariciones estelares (Marlon Brando en su última intervención ante una cámara), vestuario elegante, Michael revoloteando alrededor de una hembra pero incapaz de mirarle a los ojos o tocarla…
Todo lo que en 1988 servía para arrasar de repente en 2001 apestaba a anticuado.
La era de internet ya reinaba entre nosotros así que este CD me lo bajaron de la red… y debo confesar que cuando me senté a escucharlo comencé a sentir ese viejo hormigueo interno de tiempo atrás, la esperanza del regreso de la magia… pero una vez más la carroza se transformó en calabaza.
Quisiera (a pesar de todo) llamar la atención sobre un par de canciones que considero realmente soberbias en este disco: "Break of dawn" y "Butterflies".
Solo por esas dos joyas no pierdo la esperanza de que (si sus problemas legales se lo permiten) vuelva pronto a un estudio de grabación.
Porque aquí se plantea todo un conflicto de índole moral: ¿se puede admirar al mismo tiempo a la persona que sobre el escenario hace el estratosférico baile "moonwalk", arrojando su sombrero al público tras interpretar "billie Jean"… y al mismo fulano demacrado que entra y sale de los juzgados ocultando su infamia bajo un paraguas?

Viéndole en televisión, cada día tengo más claro que su final será similar al del padre de su ex mujer Lisa Marie: un final prematuro, fagocitado por su propia caricatura.
Curiosamente, al igual que el gentío histérico y analfabeto que hacía guardia en la puerta de la clínica bonaerense donde Maradona permaneció ingresado unos días, Michael también tiene multitudes de fanáticos irreflexivos que le siguen y apoyan dondequiera que vaya.
Desde aquí, yo no quiero postularme ni con estos chicos absurdos de la pancarta ni con aquellos que esperan la caída definitiva del genio, piedra en mano, para atizársela en el entrecejo.
Quizás el símil más ajustado para este caso sería el de una vieja historia de amor.
Una persona a la que consideraste insuperable en su momento, la mejor… poco a poco las circunstancias de la vida y el paso del tiempo hacen tambalear la firmeza de dicha creencia… y se acaba.
De repente un día, cuando menos te lo esperas, coincides con ella en alguna parte y descubres para tu sorpresa que aquella persona que un día importó tanto… ahora apenas te inspira unos breves segundos de nostalgia selectiva.
Algo similar he experimentado hoy viendo el cadavérico aspecto de Jacko en la prensa, con su vida vista para sentencia… nada queda de lo que fue, apenas algún rastro, un gesto, un atuendo, una privilegiada voz…"
Estaban a punto de cerrar el supermercado y yo tenía bastante prisa, así que me dirigí con relativa brusquedad hacia el estante de bebidas para pillar uno de los dos botes de cocacola que quedaban separados de sus respectivas jaulas.
El caso es que lo agarré de tan mala manera que se me cayó al suelo…

Una vez lo recogí, comprobé que apenas estaba abollado, pero al acercármelo al oído percibí tal estruendo gaseoso que consideré poco recomendable volver a meterlo en la cesta.
Me llevé la otra.
Un minuto después en la cola de la caja, se situó detrás de mi una mujer que llevaba solamente dos artículos en la mano: una bandeja de embutido… y la chispeante lata de refresco que yo había devuelto al estante.
Supongo que fue por vergüenza, pero no le dije nada.
Más tarde mientras cenaba, no pude evitar imaginar el piso de la señora volando por los aires, como resultado de haber abierto temerariamente aquella especie de granada de mano con cafeína, a la que esa misma tarde yo, involuntariamente, había quitado la espoleta.

Pero no me cogerán vivo…
Tras una larga temporada en la que, de una manera grata y sorprendente, he vuelto a experimentar ciertas sensaciones, sabores, olores, reminiscencias, etc... de la infancia, mi mañana del pasado uno de enero vino claramente a culminar esa tendencia revival.
Poco antes de las campanadas... casqué.
Jugué con fuego, hice un conjuro que (imagino) me salió rana (es lo que tiene ser brujo novato) y mi cabeza quedó bastante tocada... a punto de estallar.
(Quizá sin los gin-tonics previos también colaborasen un poco, quién sabe...)

Aguanté el tipo comiendo las uvas y brindando por el año nuevo con la familia, pero antes de que acabasen los primeros anuncios del año en TV, yo ya estaba de nuevo en mi habitación, tumbado en la cama, con las manos en la cara esperando que se me pasase y así poder salir un ratito a la calle...
No hubo manera, cuanto más se acercaba la hora de salir mi cabeza peor estaba, así que tras enviar a Sergio un sms de rendición (que leído el día siguiente me sonó un poco a esa típica falsa excusa de jaqueca para no follar)... tiré la toalla y me acosté.
Y en esto que de repente abro los ojos, son las 10:30 de la mañana... uno de enero... y sobrio!!!
Una sensación que no experimentaba desde 1994.

Chocolate con churros (pudiendo saborearlo sin tener el paladar sedado por el alcohol), un par de saltos de esquí desde Garmisch, concierto de año nuevo con Barenboim, alguna carcajada que otra observando desde mi ventana a los grupos de zombies rezagados que todavía pululaban por la calle...
Un mundo nuevo y...¿mejor?
Ya había caído una botella entera de Cutty Sark cuando por fin las chicas aparecieron en la fiesta.
El interminable y obscuro pasillo dio a luz a la primera de ellas, una niñita de veintipocos que se pasaría las siguientes dos horas protestando por la música, pidiendo algo de Bisbal, gimoteando porque no se podía fumar en la casa... y despreciando el Matusalén en favor del Bacardi.
La segunda invitada era más madurita, y se pasó las siguientes dos horas mirándome intrigada tratando de recordar de qué coño me conocía.

De vez en cuando me preguntaba si nos habíamos visto en tal o cual bar, etc... “Joer tío, es que me suenas mogollón, yo a ti te conozco fijo”
“El caso es que tú a mí también me suenas, pero no sé decirte de qué...” Mentí.
Uno de los presentes me diría más tarde que ella seguramente se pensaba que nos habríamos liado alguna noche hace tiempo, y que como es (cito textualmente) una folladora compulsiva, a lo mejor ni se acordaba...
...qué más da, el caso es que se fue de la fiesta sin resolver el misterio que le rondaba por la mente.
“Pues no, yo nunca le puse la mano encima”, contesté, si bien la fama de devoradora de hombres ya la conocía... de hecho recordaba bastante bien el relato de las andanzas sexuales de la ilustre invitada, que ya me había contado (con pelos y señales) dos años y pico atrás cierta amiga de la susodicha, en la cama.
Aquella tórrida y absurda noche de verano, tras oír aquel currículum de mujer fatal en boca de su envidiosa amiga, descubrí con enorme fastidio que había errado el objetivo... y recuerdo que pensé, dirigiéndome a un banquillo imaginario: que el delegado saque la tablilla con los dorsales, vamos a hacer un cambio: se retira esta fría elementa... ¡entra la folladora!.

Entré en el servicio del bar y dos fulanos, en medio de una acalorada discusión, me impedían el acceso al retrete.

Uno de ellos se me queda mirando y dice: “a ver, ¿tú qué es lo que quieres?”.
“Mmmm... ¿mear?” contesté.
El otro miembro del dúo reculó, y tras decirme que tuviera mucho ojito con su compadre, salió del WC, dejándome a solas con el más cabreado... sin embargo, éste último en cuanto perdió de vista a su interlocutor, se relajó por completo y esbozando una sonrisa deslizó algo parecido a una disculpa.
Llevaba un pedo que no se tenía.
”Perdona tío, es que la gente no se sabe estar callada... y mete la pata (rumiaba aún dándole vueltas al tema de su discusión)... ¿hoy es mi cumpleaños sabes?”
Le felicité... ¿qué otra cosa podía hacer?
Fue entonces cuando arrimándose torpemente al urinario de la pared, tras aflojarse cinturón, botones y bragueta del pantalón, dijo que me iba a contar un chiste.

Con la picha en la mano, meando a chorro y sin dejar de mirarme... estas fueron sus etílicas palabras:
“Va una tía al médico y le dice Doctor Doctor... que me duele mucho por aquí (señalándose la espalda). Ah, pues eso va a ser Soriasis... ¿Pero cómo va a ser Soriasis si yo nunca he estado en Soria? Eso da igual señora, yo nunca he estado en Burgos y (señalándose ahora otra cosa) fíjese qué morcilla....”
¡Qué cabronazo! ...volví a felicitarle.
Sólo una vez antes me había sorprendido mi cumpleaños en un lugar distinto al de mi ciudad: en 1993 cumplí los dieciséis en París... quince años después se ha repetido la historia, esta vez en Soria. ¿Un descenso de categoría? Según se mire...
En verano, cuando la Liga de Fútbol Profesional sorteó el calendario de la temporada tuvo la feliz idea de regalarme para tan señalada fecha uno de los desplazamientos más golosos y esperados del año: Numancia-Real Valladolid.
Regalo envenenado donde los haya, pues para mi sorpresa, el domingo pasado en el estadio de “Los Pajaritos” de Soria experimenté lo que comúnmente viene a llamarse una catarsis.

Un partido que ganaba mi equipo 1-3 a falta de 6 minutos para el final, y que de repente fue remontado por los locales con tres goles increíbles, dejando para la historia un delirante 4-3 no apto para cardíacos.
Como he dicho, seis minutos antes todo aquello resultaba impensable... con el 2-3 alguna idea rara se nos pasó por la cabeza, pero tan confiados estábamos que no quisimos prestarle excesiva atención... con el empate blasfemé en la grada y perdí la compostura al ver cómo se nos había escapado la victoria, de manera intolerable... con el cuarto gol del Numancia ni me inmuté, no articulé palabra, lo vi venir... y me mordí la mano al caer en la cuenta de que en esos diez minutos precedentes no había presenciado un partido de fútbol, sino que ante mí se había proyectado la cruel metáfora de lo que había sido mi vida en este (todavía insepulto) dos mil ocho.
Auguri!!!
Primera hora de la mañana.
Llego a la puerta del ascensor de mi trabajo, cinco minutos tarde, con la lengua fuera... allí están esperando a que aterrice el cacharro otros dos trabajadores del edificio (del piso cuarto, uno por encima del mío) más un tercer sujeto que seguramente está allí por asuntos propios.
Se enciende la luz verde del pilotito: “¡planta baja!”.
Enrollo los cascos alrededor de mi reproductor MP4 y lo guardo en el bolsillo lateral del abrigo mientras entramos ordenadamente en el reducido habitáculo del ascensor.
Ya tiene sus años, le cuesta arrancar... pero finalmente nos ponemos en órbita.
“Pues la semana pasada se quedaron encerrados unos aquí dentro”, comenta uno de mis colegas...
“Bueno, -intervengo- somos cuatro así que... si alguien tiene una baraja de cartas a mí no me importaría quedarnos aquí un ratillo”.
El otro colega señala la bolsa de plástico que lleva en la mano, de mercadona, con una botella de dos litros de agua dentro... “pues yo tengo agua –añade-, tú tienes música ¿no?”.
“De todos los estilos”, le contesto, apretando mi bolsillo...
“¿Y tabaco? ¿No tendréis tabaco?” nos pregunta quién inició la conversación con la macabra noticia del encierro allí mismo, la semana anterior.
Los tres restantes proclamamos a coro: ¡claro que sí!
“Qué bien organizados estamos, tenemos todo lo necesario...” sentencia el único que no pasaría ocho horas entre los muros del siniestro edificio.

El montacargas finalmente llega al tercero, abro la puerta, medio salgo... pero antes de cerrarla y encarar el esperpento que pocos metros más allá me está esperando, no me resisto a un último intento.
Volviendo la vista a mis compañeros de viaje les pregunto: “¿estáis seguros de querer salir del ascensor?”
Tuve mi primer walkman en 1988, se trataba del clásico modelo negro de SONY... sólo para escuchar cintas, nada de radio, botones de Play, Fwd (que casi siempre sería substituido por el “rebobinado boli bic”), Pause y Stop.
Los auriculares, con diadema y espumillón redondo ¡por supuesto!
Fiel compañero de veraneo y viajes de juventud, por él pasaron todos y cada uno de los mitos musicales que a día de hoy siguen instalados en mi mente y corazón.
De entre todos los “momentos walkman”, mi preferido era cuando me despertaba pronto alguna mañana de finde, y en vez de levantarme y trastear por la casa, metía en su panza el cassette preferido del momento y acurrucado bajo las mantas permanecía una horita más saboreando con los ojos cerrados cada nota, imaginándome sobre el escenario, etc...
Sólo con los cascos puestos uno descubre los misterios del stereo... ¡y todas sus sorpresas!

Pues bien, veinte años después, en plena era digital, he sucumbido a la moda y me he comprado un reproductor MP4 microscópico, que tiene capacidad para albergar la discografía completa de Beatles, Stones, Queen y The Who juntos, además de reproducir videos, fotos, radio, etc... y que, caprichos del destino, tiene la leyenda “walkman sony” impresa sobre la pantallita.
No es la única coincidencia, ya que a la hora de llenarlo de música para amenizar mi deambular por esta vida, no sé si inconscientemente o qué, los discos seleccionados han sido los últimos de: Guns n’Roses, AC/DC, Metallica, The Cure... ¡Qué regresión!
De no ser porque el cacharrito es rojo y cabe en el interior de mi mano, pensaría que estoy en 1992...
Mediodía. Una compañera dobla la esquina de la sala y se acerca trotando sobre sus interminables tacones hacia la zona de la oficina donde habitualmente curro... trae consigo un paquetito.
Con tono maternal nos dice a los cuatro residentes del corner: “os corresponde un bombón a cada uno, vosotros elegís si lo queréis para ahora... o para la tarde”.
A continuación, cinco segundos de mutismo en los que observo como los obsequiados cruzan la mirada, indecisos, en busca de Dios sabe qué consenso.
“Yo lo quiero ahora” exclamé, atajando la encrucijada.

Un minuto después todos teníamos nuestro Ferrero Rocher sobre la mesa, pero el único ruido de crujir envoltorio que se escucharía en toda la mañana procedería del mío...
Si es que...
No en vano hace poco, con la intención de amenizar la recuperación y convalecencia de un ser querido lesionado, le envié una sobredósis de cine (varias pelis en un paquetito) aderezada con unos snacks para digerir mejor el empacho... normal... si yo mismo dedico (sin más lesión que la “cardíaca”) un insulso domingo a devorar, una tras otra, cinco películas... ¿qué clase de galeno intrusista soy?
Más bien un moderno Jeckyll que prueba en sus carnes (hasta el extremo) los remedios caseros que alegremente exporta...

Cualquier domingo de estos, cuando me atreva con una séptima dosis de technicolor en cinemascope y mi cerebro diga “basta”, el forense que levante mi cadáver de la silla dictaminará como causa del suceso: “cinefagia”.
Espero que la lápida no mienta y en ella se lea: “melancolía”.
Es curioso lo que engaña la gente, casi tanto como las extrañas circunstancias en que uno suele enterarse de intimidades ajenas.
Comentando hoy la actualidad política, salió el tema del inminente aniversario de la muerte de Franco y el sarao que sigue organizándose a pesar del tiempo transcurrido: misas, ceremonias, esquelas a toda página en prensa, etc...

Fue entonces cuando la incontinencia verbal de mi interlocutora deslizó el dato de que una de las personas presentes en la sala, era una fiel asistente a la misa anual que en la Catedral se celebra en memoria del difunto dictador.
"Os lo digo porque cuando me lo contó, le pregunté si lo podía contar por ahí" (sin comentarios) "y ella me dijo: por supuesto".
Concurso de bocas abiertas... ¿ganador? Quien suscribe.
Tratando de encajar la noticia, al principio no podía dar crédito... pero más tarde atando cabos sobre ciertos comportamientos, comentarios y actitudes, me resultó ciertamente verosímil. Tanto, que a mi cerebro no le costó mucho dar el salto del "¡No puede ser!" al "¿pero cómo no me había dado cuenta antes?"
La indiscreta confidente no se detuvo ahí, al ver el impacto que la revelación había tenido entre su audiencia, extendió la acusación a otra persona del lugar: "Bueno, ya no va, pero antes también iba todos los años a la misa de la catedral".
Y ahí ya se me vinieron abajo todos los esquemas, pues la imagen que este segundo "acusado" proyecta cara al exterior, no puede resultar más... "inofensiva".

Dediqué un rato a reflexionar sobre la cuestión: ¿cuánta gente más que yo pueda (de una u otra manera) conocer se pondrá de gala este 20 de Noviembre?
Quizás la persona que me vende el tabaco en el estanco... el que me pone las pintas de cerveza los jueves... quien me pasa el carnet del Real Valladolid por el torno en la entrada del estadio... el vecino del tercero...
En el caso de los dos "descubiertos" hoy, más que recelo lo que siento es lástima, ya que esa "tendencia" suya viene a explicar (y justificar) con total clarividencia la cruz que preside sus vidas.
Siempre me pregunté por qué ambos sujetos habían renunciado a ciertos derechos, o por qué acataban con relativa resignación y sorprendente naturalidad cuantas humillaciones les sobrevenían... por no hablar de la total ausencia de espíritu combativo o rebelde ante cualquiera de las injusticias que a diario presenciaban, su incondicional apoyo y afinidad hacia las posiciones de presión que a ellos mismos sojuzgaban, etc...
Sólo alguien que comparta valores morales con el ilustre inquilino del sepulcro del Valle de los Caidos puede considerar todo eso razonable.

Si este jueves se van de romería, que el resto del año no se quejen.
Mucho ojito, gente así precisamente no escasea...
Tras una agradable charla, algún que otro trago... y un breve período de reflexión, ella se decidió a llevarle a casa.
Nada más entrar, la anfitriona acudió rauda a recoger (más bien ocultar) la ropa que tenía desperdigada por todo el dormitorio... mientras tanto el huésped se dedicó a fisgar uno por uno los libros que se amontonaban en la estantería del mueble del salón.

“Tengo cervezas” –dijo ella- “¿Quieres una?”
“¡Claro!”, contestó el invitado mientras pasaba rápidamente las páginas de “Alicia en el País de las Maravillas” en busca de ilustraciones.
“Son sin alcohol” añadió ella camino del frigorífico.
“Entonces no quiero”, dijo él.
No pocas veces, como reacción a semanas funestas o rachas negativas, uno no tiene más remedio que rebelarse y pasar a la acción.
Ese fue mi caso un reciente domingo... harto de todo, con mal cuerpo y la moral por los suelos, decidí tomar el toro por los cuernos y comenzar (inmediatamente) a ser feliz.
¿Cómo empezar? Pues con uno de esos pequeños placeres que provocan goce para los sentidos... Ni corto ni perezoso bajé a un establecimiento cercano y compré media docena de churros.
Todo me iría bien ese día... ¡desde el desayuno! El resto de la semana, triunfante, vendría sólo... no tendría más que seguir la estela de mi revolución dominical...

Pero una vez en casa, al abrir el grasiento y calentito paquete, descubro que no me han puesto la media docena de rigor... ¡sólo hay cinco!
Qué remedio, volví a agachar la cabeza.
Aunque me supieron ricos, la revolución -una vez más- había sido sofocada.
Bonjour tristesse!!
Hace diez o doce años, la gente los comparaba. Y ya por aquel entonces me resultaba poco apropiado.
Es cierto que eran dos futbolistas en el apogeo de su carrera, en plena forma, de similar edad, y que ocupaban la misma posición sobre el terreno de juego.
Ambos llenaron solventemente el hueco que dos leyendas de sus respectivos clubes (Roberto Baggio y Butragueño) habían dejado tras marcharse... pero a la hora de comparar a Del Piero con Raúl, bajo mi punto de vista y basándonos en aspectos meramente futbolísticos y técnicos, siempre el italiano salió triunfante.
Las cualidades del (afortunadamente) “ex” siete de España siempre residieron en el oportunismo y en el coraje, dejando pocos detalles técnicos (alguno hay, no hace falta que mis amigos Raulistas me recordéis los goles de Tokio, Paris, etc... sin embargo reconoced que no hay muchos más) que sean dignos de recuerdo; mientras que Alessandro siempre se ha distinguido por una gran calidad técnica y ser capaz de poner el balón allá donde se le ha antojado.
¿Cuántos goles a balón parado ha marcado Raúl en su carrera?
Antes del reciente enfrentamiento que en Champions han tenido Real Madrid y Juventus de Turín la prensa española sacó a relucir nuevamente dicha eterna (y tramposa) comparación... y a más de uno he escuchado cómo sólo podía usar como argumento, a la hora de defender al español, toda la colección de títulos que ha ganado con el equipo blanco los últimos 14 años.

Yo ni siquiera creo que en eso salga ganando Raúl. Sí se puede decir que ha tenido la fortuna de disputar tres finales de Champions y ganarlas todas (una de ellas a la propia Juve)... Del Piero “sólo” ha ganado una, ¡si bien ha disputado cuatro finales!.
En torneos nacionales imagino que no será muy grande la diferencia entre ambos, habrán ganado más o menos el mismo número de ligas, (copas no), etc... pero a mi modo de ver la balanza se decanta claramente a favor del italiano cuando advertimos en su palmarés ni más ni menos que una COPA DEL MUNDO y un subcampeonato de Europa (torneo que en el minuto 89 de la final ganaban 1-0 a los franceses) con la selección italiana.
Del fracaso y de la gran mentira que supuso la “era Raúl” en nuestra selección mejor no hablar ahora...

Curiosamente, los dos o tres años anteriores al mundial “azzurro” de Alemania 2006, que coronó a Alessandro, ambos pasaron un alarmante bajo estado de forma, una decadencia prematura a la que parecía se dirigían juntos, agarraditos de la mano.
Después de aquel torneo, hay que reconocer que ambos (uno más que otro), en cierta manera, resucitaron.

Pero ya pueden pasar mil años que las comparaciones son odiosas... viéndolos ahora, revisando los videos del doble enfrentamiento que han tenido las últimas dos semanas: 31 años el de aquí, 34 el italiano... al César lo que es del César: Salve!
Hace ya cuatro o cinco años que la irrupción en el calendario del Festival Internacional de Cine de Valladolid ni me motiva ni me entusiasma.
Lejos quedaron los años en que me tragaba (era la excusa perfecta para pirarme clases en la facultad) como mínimo diez películas.
Bajo mi punto de vista, el programa de las últimas ediciones se radicalizó demasiado, haciendo hincapié en la vertiente más soporífera del festival, es decir, prevaleciendo lo que vulgarmente se podría considerar como “cine raro” (tirando a coñazo) sobre cualquier otra clase de propuesta más... “festivalera”.
La última película que he visto en una Seminci de Sección Oficial a concurso fue “Italiano para principiantes”, y de aquello ya ha llovido... desde entonces sólo he “seminceado” para ver películas clásicas (joyas ocultas en secciones paralelas) aprovechando la ocasión de gozar de ellas en pantalla grande.
Fue así como pude ver “EL APARTAMENTO”, “SED DE MAL”, “TIERRA DE FARAONES”, “LES ENFANTS DU PARADIS”, “PRIMERA PLANA”, “LA NARANJA MECANICA”, “EL PADRINO”, “IMPULSO CRIMINAL”... lo cual les agradezco, pero no nos engañemos, para cosas así ya esta el resto del año la Filmoteca de cierta Caja de Ahorros con sede en un edificio de Gaudí...
Del que en su día fue (se han empeñado en que no lo sea) el segundo festival más importante de este país se debe esperar mucho más.
Este año (con el programa más insulso que yo recuerdo) ni siquiera ha habido algún clásico goloso que llevarme a la boca... pero como a pesar de todo le tengo cariño al evento, pues me vi en la obligación de cumplir con el expediente y pasar por taquilla para ver, al menos, una peli.
¿La elegida?
Nuevamente busqué en las secciones paralelas... este año se homenajeaba a Gonzalo Suarez con un ciclo en el que se proyectaba toda su obra, la cual admiro bastante gracias a obras maestras como EPILOGO, y películas notables como EL DETECTIVE Y LA MUERTE, DON JUAN EN LOS INFIERNOS, REMANDO AL VIENTO o MI NOMBRE ES SOMBRA.
De su filmografía sólo me faltaba por ver “EL EXTRAÑO CASO DEL DOCTOR FAUSTO” (1969), así que para allá que fui... y qué gran error!!!
Es la película en que he visto más gente abandonar una sala (incluso más que con “Teorema” de Pasolini, la triunfadora hasta la fecha) en toda mi vida, y la primera vez que he estado a punto de salir por patas.

“Una versión libre del mito de Fausto” rezaba la reseña del programa... ¡y tan libre!
Tanto, que Helena de Troya era una brasileña bailando samba en un jardín, Mefistófeles una especie de androide con mirada farlopera y amante del ping-pong, Euforión un boxeador sonado que da volteretas ataviado con una bufanda... no sigo porque al final alguien se va a pensar que esta serie de disparates hacen de la película (en cierta extraña manera) una comedia divertida, cuando no lo es.
Este delirio sesentero de Gonzalo Suarez (probablemente escrito y rodado bajo la influencia de algún psicotrópico, LSD o peyote) ha conseguido desplazar al último “Indiana Jones” de lo alto del podium donde reinaba como “Bodrio of the year, 2008”.
Y mientras tanto, unos pocos metros más allá del cine “Casablanca” donde yo me encontraba... en la alfombra roja de entrada al Teatro Calderón (donde tenía lugar la ceremonia de clausura de esta Seminci) hacían acto de presencia rutilantes estrellas como Coque Malla.
¿Soy el único que piensa que este festival debe empezar de cero?