1994
Tras una larga temporada en la que, de una manera grata y sorprendente, he vuelto a experimentar ciertas sensaciones, sabores, olores, reminiscencias, etc... de la infancia, mi mañana del pasado uno de enero vino claramente a culminar esa tendencia revival.
Poco antes de las campanadas... casqué.
Jugué con fuego, hice un conjuro que (imagino) me salió rana (es lo que tiene ser brujo novato) y mi cabeza quedó bastante tocada... a punto de estallar.
(Quizá sin los gin-tonics previos también colaborasen un poco, quién sabe...)

Aguanté el tipo comiendo las uvas y brindando por el año nuevo con la familia, pero antes de que acabasen los primeros anuncios del año en TV, yo ya estaba de nuevo en mi habitación, tumbado en la cama, con las manos en la cara esperando que se me pasase y así poder salir un ratito a la calle...
No hubo manera, cuanto más se acercaba la hora de salir mi cabeza peor estaba, así que tras enviar a Sergio un sms de rendición (que leído el día siguiente me sonó un poco a esa típica falsa excusa de jaqueca para no follar)... tiré la toalla y me acosté.
Y en esto que de repente abro los ojos, son las 10:30 de la mañana... uno de enero... y sobrio!!!
Una sensación que no experimentaba desde 1994.

Chocolate con churros (pudiendo saborearlo sin tener el paladar sedado por el alcohol), un par de saltos de esquí desde Garmisch, concierto de año nuevo con Barenboim, alguna carcajada que otra observando desde mi ventana a los grupos de zombies rezagados que todavía pululaban por la calle...
Un mundo nuevo y...¿mejor?