IN LIMBO
No es un campo de algodón en el sur de los Estados Unidos a principios del siglo pasado, pero podría serlo.
Ella no es un feroz capataz tiránico que se conduce con sus obreros con mano de hierro... pero se le parece bastante.
El criterio dominante que todo lo rige no se distingue mucho del de un parvulario, y el aroma que se respira entre esas cuatro paredes se asemeja bastante al del sótano más profundo de un barco de galeras.
Por eso cuando ayer ella sacó lustre al látigo no me sorprendió lo más mínimo... ni siquiera que descargara contra mi espalda de acero inoxidable sus más furiosos golpes.

Desde el principio de los tiempos me juré que "nada de lo que ella dijese o hiciera podría joderme la vida", pero hay veces en que llueve sobe mojado, y el barro formado por las arenas movedizas en las que me estoy hundiendo dejó a la intemperie uno de mis mundialmente infames puntos débiles.
Señalando a todos los presentes concluyó su desencajado sermón bramando "no se puede estar en el limbo"...
...lo que no sabe es que yo vivo en el infierno.