LOS VAMPIROS NO MADRUGAN
Ayer por la mañana camino del médico, pasé en autobús frente a la sede de la editorial donde hace un año todavía ejercía de feriante trapisondista, vendedor implacable... allanando moradas y engatusando a quien buena o malamente se dejaba...
El horario que teníamos era particular, entrábamos más bien tarde en las mañanas, entre las 12 y 13 horas. Así que cada vez que desde entonces he pasado por ahí a mediodía, no he podido evitar echar una mirada hacia la puerta de la oficina por si asomaba algun rostro "familiar".
Una vez más no vi nada ni nadie que me resultara conocido, y por supuesto: nada que me inspirara nostalgia.
Pero cuando mi bus se detuvo en la parada más cercana a la oficina, pasó delante de mí, procedente del fondo del vehículo (no me había fijado en él) un chavalín de veintipocos, con los pelos de punta, vestido de traje, llevándolo con muy poca soltura pero de inconfundible actitud chulesca.
"El retrato robot de un nuevo recluta de la secta", pensé...
Segundos después, cuando lo vi caminar en dirección a la sede de la "Empresa del Sector Editorial con sede en Barcelona de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional"... tuve claro que no me equivocaba.

"Justo lo que el mundo necesita", concluí, "otro vampiro comercial". 