Yonquis Asofusa
El finde pasado asistí a un partido de futbol-sala de mi equipo favorito, el "Promo"... donde juegan todos mis amigos y cuya camiseta tuve el honor de vestir una vez, si bien fue en circunstancias (en lo que a mi condición respecta) muy poco honorables...
Mis amigos deportistas me comentan que en la cancha los años no pasan en balde, que la treintena pasa factura y ya no lucen la forma que no hace tanto les permitía afrontar sin problema toda una temporada de competición.
Llevan un par de años con lesiones graves y constantes molestias... pero lo que me encontré el pasado sábado, a pie de pista, me dejó boquiabierto.

El banquillo parecía la mesa de herramientas de un taller egipcio de embalsamadores faraónicos del bajo Imperio, lleno de botes de spray, tónicos, cremas, vendas, cintas...
Son unos yonquis.
...y en cuanto tenían ocasión (entre cambio y cambio, descansos, tiempos muertos) se rociaban o ungían con cualquier substancia que por allí tuvieran al alcance, les daba lo mismo que el bote de spray estuviera vacío, les debe gustar el sonido que produce presionar su mecanismo, o notar esa brisilla en el gemelo... ¿Los protocolos de Kyoto no dicen nada al respecto?
Son adictos.

Antes no llevaban más que ropa para cambiarse, la equipación, un neceser mínimo de aseo, o el fundamental balón... las pequeñas mochilas de entonces han dado paso a enormes bolsas de deporte destinadas en su mayoría a albergar toda clase de estupefacientes, placebos y becerros de oro.
Son la versión setentera de Elvis.
Hace años cuando los veía en acción a pie de pista el único olor que me llegaba procedente de su banquillo o vestuario era el del sudor... ahora una densa nube pseudomedicinal lo contamina todo.

La treintena huele a reflex.