ROSCONES FOLLET
Junto a la nueva consola esa de videojuegos que practicamente se agotó en toda España, el regalo estrella de estas pasadas Navidades ha sido el libro de Ken Follet "Un Mundo sin Fin", segunda parte del célebre "Los Pilares de la Tierra".
Aquel supuso todo un fenómeno literario en este país, y la nueva entrega va camino de repetir la gesta.

Bajo mi punto de vista se lo merece, "LPDLT" es un libro muy ameno, de trama interesantísima y narrado con gran ritmo... un tocho que se hace corto.
Otra cuestión distinta es la de que "LPDLT" sea, según las encuestas populares, "el libro favorito" de casi todo el mundo. Supongo que quienes afirmen tal cosa serán personas que se muevan entre los pasillos de una biblioteca con la misma soltura que yo en un IKEA... pero no quiero ponerme agresivo, a la hora de recomendar libros gruesos "históricos" yo prefiero recomendar "El Conde de Montecristo", "Los Miserables", "Guerra y Paz", "Los Hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros"... pero vamos, "Los Pilares de la Tierra sin ser el novamás, es un libro cojonudo muy recomendable (leerlo no esta de más, a diferencia de esos códigos DaVincis, últimas cenas, sábanas santas y demás chorradas templarias que tan mal nombre dan al género).
Yo he sido uno de tantos que ha guardado cola en una librería y ha adquirido (como regalo navideño para mi madre) el nuevo volúmen, pero una constante sensación de desasosiego me invadió durante todo el proceso.

Me habían advertido que tenían los ejemplares ya empaquetados dispuestos para ser vendidos, pero eso sólo fue uno de los muchos detalles "anti-literarios" que me acabaron horrorizando.
A la entrada de la librería un cartel enorme con letras inmensas advertía de la venta del libro, curiosamente las palabras "Un mundo sin fin" estaban en caracteres más pequeños que el aviso de "LA SEGUNDA PARTE DE LOS PILARES DE LA TIERRA"... debajo del todo un cartelito que rezaba: "pedir en el mostrador".
Sí amigos, como en un buffet chino... "la bebida pedirla en barra". Y el cartel surtió efecto, pues todos y cada uno de quienes me precedían en la cola según llegaban al mostrador pedían a la dependienta "el de los Pilares"... y acto seguido la chica sacaba un gran estuche de cartón con una catedral gótica dibujada en él... y que presuntamente contenía en su interior el best seller de Ken Follet. Lo metía en una bolsa y ala, que pase el siguiente.

En ese preciso instante me salí de la fila.
Me pareció repugnante adquirir un libro de esa manera, sin sacarlo de un estante o cogerlo de entre un montón, sin tocarlo, abrirlo ni ojearlo... con ese sistema de las cajas y las bolsas parecía que en vez de una librería nos encontrábamos en una pastelería repartiendo Roscones en serie una mañana de Reyes!!!
"Lo siento mucho", pensé, "pero yo aquí he venido a comprar un libro..." (casi como Paco Umbral)
Así que tras dar un paseito entre las estanterías acabé eligiendo una obra maestra (probablemente mi novela favorita, cuyo nombre aquí no citaré... misterioso que es uno) clásica también para regalar; y con ese ejemplar en la mano volví al mostrador (durante todas las navidades convertido en máquina expendedora de "Roscones Follet") y una vez pasaron su código de barras por el lector, pedí como quien no quiere la cosa y con fingida desgana que me pusieran una catedral gótica de esas, para llevar...

Aún no he empezado a leer tan ilustre secuela, pero lo que es seguro es que aquella tarde de enero yo salí de "Oletvm" habiendo comprado un libro.