"LA PÉRGOLA DE NUNCA JAMÁS"
Dicen las malas lenguas que el viernes pasado cumplí 30 años... pero no estoy del todo seguro, juraría que el año pasado yo era mayor. Y el anterior, y el otro...
No sé exactamente cuando empezó mi regresión, ni los motivos que me llevaron a cumplir los años al revés, pero es incuestionable que de un tiempo a esta parte mis bandazos vitales son más propios de un atolondrado preadolescente que de aquel cuya imágen y apariencia se refleja cada día en el espejo de mi casa.
Hay quien lo considera obra de encantamiento... otros opinan que se trata del resultado de toda una vida de intenso entrenamiento... alguno ve en ello una circunstancia patética y decadente, y no falta quienes desde la inconsciencia se dejan influir por la maldición que llevo a cuestas.

Hace ya un par de años que cierta pseudopsicóloga amateur se llenó la boca con un diagnóstico barato enmarcando mi estado bajo el tópico "síndrome de Peter Pan"... la pobre ignoraba que si bien mis actividades estaban más cercanas a las del Capitán Garfio, mi espíritu por momentos se identificaba más con la inmortal Wendy... esquivar los golpes de la vida y ocultarse en cualquiera de las numerosas pérgolas de Nunca Jamás... bendita locura.
Según mi carné de identidad he alcanzado la treintena. Hace unos pocos años hubiera apostado sin riesgo a equivocarme que jamás llegaría a esa edad, quizás por eso me pasa lo que me pasa...