Triste e infeliz, como una lombriz...
Cuando se es insomne la radio nocturna se convierte en una íntima compañera y en no pocas ocasiones te salva la vida.
A lo largo de mis incontables noches en blanco he pasado ratos memorables con varios programas que ya no estan en antena.
Nombres como los de Carlos Pumares, Julian Ruiz, Juan José Plans, las repeticiones de García, Reyes Monforte... son considerados por mí casi como amigos, jamás les agradeceré suficientemente los servicios prestados.
Sin embargo en los últimos 10 años un nombre se colocó (por méritos propios) a la cabeza de la lista: JUAN ANTONIO CEBRIAN.
Su programa "LA ROSA DE LOS VIENTOS" (y los anteriores que hizo) era el mejor de la radio, el más digno, amable, entretenido e interesante.
No sólo por los apasionantes temas (Historia, fuerzas ocultas, misterios, literatura, cine, biografías, culturas, ciencia...) que trataba, sino por el tono amable que Juan Antonio siempre usó cada noche.

La mejor clase de sabio: aquel que nunca alardea de su sabiduría... otorgando el protagonismo a sus colaboradores, a los oyentes... y plantando en todos ellos una semilla imborrable que una vez depositada en el interior de todos nosotros, no dejaba de crecer.
Tras escucharle queríamos saber más... cuántos libros habré abierto siguiendo su consejo o queriendo ampliar alguna de sus informaciones!!!
En eso consiste la divulgación, tarea en la que Cebrián era un maestro.
El sábado pasado murió, de repente. Sólo tenía 41 años.
Lamento su pérdida como la de un ser querido pues gracias a él fui feliz (como él mismo decía al comienzo de todos sus programas al presentarse: "contento y feliz como una lombriz") infinidad de noches... y escucharlo no sólo era entretenimiento, sino también inspiración.

Ya que nos ha dejado "huérfanos", tan sólo espero que su programa (su gran legado junto a la obra escrita que deja) continúe en marcha por sus fantásticos colaboradores y se mantenga vivo su espíritu... y encendida por siempre la llama cargada de sabiduría que nos iluminaba cada noche.
Fdo: Un rosaventero