TIERRA DE NADIE

Un espacio "tontimágico"...
Una del Oeste

El Tahúr huía al galope por la oscura pradera (tan sólo iluminada por una tenue luna cubierta de nubes) a las afueras de Carson City.

Cinco minutos antes estuvo a punto de morir linchado en el primer piso del Saloon de Mary Jane, parecía un milagro que ahora cabalgase oculto en la noche, libre, y sin tan siquiera un rasguño.

Quizás la suerte que le había sido esquiva durante la maratoniana partida de póker (obligándole a recurrir a sus trampas más descaradas, hasta ser finalmente descubierto) comenzó a sonreirle en el momento preciso en que las cosas se pusieron demasiado feas.

Esa misma mañana la diligencia (procedente de Texas, donde lo subieron contra su voluntad, y con una costilla rota) lo había dejado en el pueblo equivocado, más tarde el destino se encargaría de sentarlo en la mesa equivocada.

Si no hubiera sido en el local de Mary Jane... su vieja amiga (compañera de correrías años atrás en Denver) resultó crucial a la hora de distraer al par de pistoleros situados en la barra, del resto se encargó el Tahúr.



Puede que aquella no fuera su noche, pero en ningún momento se relajó: atención máxima a cada uno de los movimientos dentro y fuera de la mesa, a cada gesto, derramar al carcomido suelo dos de cada tres tragos que le servían, una mano en las cartas y otra lo más cerca posible de su arma oculta... y no ganar demasiado.

Lamentablemente chuleó a quien no debía... Johnson era su nombre: la sola mención del mismo provocaba pánico entre los paisanos, sin embargo para el forastero recién llegado aquel era un apellido sin historia, un bolsillo más que vaciar... lo que el Tahúr no sabía era que aquel bolsillo contenía todo Carson City.

Detrás de Johnson permanecía de pie un tipo muy delgado, con una enorme cicatriz a lo largo de su amarillento rostro, una cara que el Tahúr estaba seguro de haber visto antes, en alguna parte... su misión consistía en permanecer callado, no perder detalle de cómo se repartían las cartas (especialmente cuando lo hacía el Tahúr) y tener el dedo preparado en el gatillo por si alguien se pasaba de listo apropiándose de una porción, por pequeña que fuera, del patrimonio de su amo y señor.

Podría decirse que hizo bien su trabajo: fue él quien le descubrió.

"Hijo de Sata..." comenzó a gritar el esbirro cuando descubrió al Tahúr repartiéndose una reina que no le correspondía, pero no le dio tiempo ni a acabar la frase... ni a desenfundar.



Levantando la mesa de una patada lo neutralizó, y sacando el arma de su funda sobaquera le igualó el rostro con otra cicatríz, esta vez mortal. Se desembarazó del granjero situado a su derecha con un culatazo y desarmó a Johnson con un certero disparo en el antebrazo.

Entonces inició la carrera... antes de sentarse en la mesa y jugar la primera mano el Tahúr siempre diseña mentalmente el camino más rápido para huir por si vienen mal dadas... a todos menos a él pilló por sorpresa la manera en que aquel forastero atajaba por el local esquivando mesas, sillas, cowboys y balas.

Ahora huía en un caballo robado y sin rumbo fijo, cruzando los dedos para que el animal aguantase hasta México... Pero cada vez sentía más cerca el estruendo del galope de los pistoleros del saloon, encabezados por un Johnson desencajado y sediento de venganza. El cacique local sujetaba en una mano las riendas, en la otra llevaba la cuerda anudada lista para impartir "justicia".

Una cuerda manchada con su propia sangre, que manaba abundante desde el minúsculo agujero de bala provocado por un tramposo revólver que jamás volvería a ser disparado... un arma pequeña, de mujer... o de jugador de ventaja.
Publicado el: miércoles, 03 de octubre de 2007 14:44 por cocotero1
Archivado en:

Comentarios

Aún no ha hecho nadie ningún comentario. Escribe alguno y sé el primero :P

¿Qué opinas?

(requerido) 

(requerido) 

(opcional)

(requerido) 

(requerido) 
 

Notificación de comentarios

Si quieres recibir un email cuando se actualice este artículo, por favor, regístrate aquí

Suscribir a los comentarios de este artículo RSS