LA TRILOGÍA...
Un slogan que publicitaba cierta película de moda hace algunos años decía lo siguiente: "Cada generación tiene su trilogía". No le faltaba razón.
Mis amigos y yo, a lo largo de la primera mitad de esta confusa década también tuvimos una. No era galáctica ni estaba plagada de Hobbits, Orcos (aunque por momentos la fauna que la compuso competía en salvajismo con alguno de estos), Elfos o Hadas... no, se trataba de algo más simple, rural, castellano, alcohólico y friki.
Fue la TRILOGIA DE OLPEDO.
Tres gloriosos encierros de fin de semana en la Merimansión del Terror, donde un caótico ejército de sedientos chavales vestidos de rojo (y alguna niña vestida de rosa) se disponían a darlo todo en una pirueta constante cada año que pasaba... la pista central del Gran Circo Olpediense acogió en septiembre de 2001, 2002 y 2003 una suerte de "más descerebrado todavía" que permanece imborrable en nuestro subconsciente particular, colectivo y supongo que también en el de los lugareños que tuvieron la desdicha de presenciarlo.
Cantidades ingentes de alcohol, macarrones, embutido, salchichas, olor corporal (y animal), violencia, amenazas de derrumbe, suelo quebradizo, una virgen verde, potas, Gigatrón, las primeras faldas, meadas, GORKA, verbenas, koketerías, autos de choque, pachangas ebrias, El PANDILLERO DE ALUCHE chupando suelo, churros, cachimbas, erecciones, patatas bravas, niñas pijas, antimadridismo, BARQUERO, grifos de cerveza, la momia del balcón, fruta podrida, CUAUTEMOC BLANCO, substancia norafricana, La Fernandinha, panceta, el terrorífico cuarto de las marionetas, el AMIGO de Vidaña, encierros nocturnos, bienvenida con Stroh, el pijama de GUGUMY, la bicicleta estática, divorciadas de Olpedo con pelo, sopas de ajo, OTTO EL PILOTO, colchonetas pinchadas, cuchillos de carnicero, la PUMUKY, duchas frías, cristales rotos, el GALLO acosa(acusa)dor, éxtasis blanquivioleta, el himno nacional escocés, avalanchas humanas, gritos en la noche, el mechero de Carmen Miriam...

Algo irrepetible, pues se me antoja difícil reunir al casting original de la trilogía de cara a posibles secuelas. De todos modos ahí se forjó algo grande, que fue más allá de la simple fiesta en sí: se creó "el espíritu de Olpedo"... una manera de hacer las cosas que (por suerte o por desgracia) nos ha acompañado después allá donde hemos podido (o nos han dejado) liarla.
"Los Mismos" ya estaban ahí, aunque todavía no lo supieran.
POR SIEMPRE OLPEDO!!!