Fuera turistas Blancos de Zorrilla!!!
Cuando viene el Real Madrid a Zorrilla siempre me asalta la misma duda: no sé si alegrarme porque presenciaré (a priori) un partidazo contra un rival de primer nivel, plagado de estrellas internacionales (cosa que se agradece tras tres años tragándome Polis Ejidos, Nastics de Tarragona, Córdobas y Pontevedras)... o si encabronarme porque sé que es un día en el que el estadio se llena de gente que va sólo seducida por ese canto de sirena mediático... y lo que es peor: a animar al Madrid.
Ayer sufrimos la visita de los blancos y todos mis augurios (del primero al último) se cumplieron.
Por un lado el espectáculo deportivo fue agridulce: les dimos un baño antológico (no rascaron bola), les íbamos ganando pero, faltando un par de minutos para el final, nos metieron su clásico churrigol empatando el encuentro y rompiendo en mil pedazos nuestra más que fundada esperanza de victoria.
(No hablaré del clamoroso penalty que no pitaron a nuestro favor ni de otras sospechosas actuaciones arbitrales porque veo que me caliento...)

Y en el aspecto humano (o sociológico), pues nada nuevo bajo el sol.
Miles de madridistas (en su inmensa mayoría gente de aquí, cosa muy lamentable) llenado los asientos habitualmente vacíos de la grada, derramando baba con cada intervención de la estrellita blanca de turno, lamentando los fallos de Raúl y celebrando ruidosa y desvergonzadamente el postrero gol de Saviola.
Digo exactamente lo mismo que los años anteriores: para esa gente que va al fútbol una vez al año, sólo ese día para animar al Madrid, que les pongan mínimo a 100 euros la entrada. Si no les gusta la medida, muy fácil (y más barato) lo tienen: que pillen un ALSA cada domingo y al gallinero del Bernabeu a jalear a (hace falta tener estómago paar ello) Pepe, Drenthe, Gago, Diarra, Robinho y demás morralla merengue.
Un año más me he encontrado en la grada de mi estadio rodeado de turistas futboleros, de vallisoletanos que acuden con el infinito descaro de querer ver perder al equipo de su ciudad.
Levantándome yo sólo en varios metros a la redonda (en una grada llena a reventar) para animar o protestar las acciones blanquivioletas... un extraño en mi propia tierra.
Vikingos de Pucela: yo os maldigo.