El Fin del Verano
Hace tres días se acabó oficialmente el verano. Bueno, para mí realmente se acabó el 2 de Septiembre, día en el que regresó mi familia tras sus largas vacaciones murcianas, pero aprovecharé la oportunidad del calendario para hacer balance y cierre estival.
Ha sido un verano atípico, el primero en mi vida sin vacaciones, sólo en casa, sobrio... y loco!
En esa situación la Anarquía estaba destinada a imperar a lo largo de Julio y Agosto... y así fue.
Los estrictos horarios familiares dejaron paso al tradicional "comeré y dormiré cuando me apetezca", y la lista de la compra poco a poco incluía más caprichos que productos de verdadera necesidad.
Salvo dos fines de semana que me quedé aquí en Pucela, todos los demás salí fuera del término municipal (voluntaria o involuntariamente) en busca de las aventuras que esta triste ciudad en verano nunca ofrece.

En Julio mis amigos se fueron quince días de viaje dejándome sólo ante el peligro (tienen esa rara costumbre: cuando más "chana" tengo la cabeza, van y me abandonan), sin embargo sobreviví con relativa dignidad.
En Agosto me di el primer y único baño en el mar, padecí cierto inesperado día la resaca más infernal de lo que va de año, me casé, gané un par de manos al póker y supe retirarme de la partida a tiempo, descubrí los "rollitos de primavera Dia%"... y acabé siendo testigo de un fascinante "Milagro".
Necesité varios días tras el regreso de la familia para asumir que mi total, absurda y radical libertad veraniega había tocado a su fin. Pero fue bonito mientras duró.
Eso sí, tras estos dos meses dejado de la mano de Dios... si tuviera que vender mi alma: ¿cuánto costaría?