Besar la lona
Según las crónicas eran las 2 de la madrugada (hora española) cuando fue noqueado.
Un fajador experimentado como él (habituado a recibir golpes y resistir en su rincón) se vio sorprendido por la gran revelación del verano.
Su rival, más joven y con una pegada letal, lo fue arrinconando hasta hacerlo pedazos, dándole en lugares donde nunca antes le habían puesto el guante encima.
Minutos antes de caer a la lona consideró, por primera vez desde que volvió al ring este verano, la posibilidad de tirar la toalla...

Horas mas tarde compareció ante la prensa lleno de moratones y cicatrices. Un avispado reportero le preguntó si se arrepentía de no haber abandonado el combate cuando aún estaba a tiempo de evitar hincar la rodilla.
El veterano púgil, limpiándose con un paño la sangre seca de la ceja, contestó: "Yo nunca me rindo"... y mirando fijamente a una de las cámaras presentes, pidió la revancha.