FIN DE FIESTA 2: Baaaaa-looooooon-cessssss-too
La gran "montaña rusa" emocional (la estomacal fue provocada por cierto toro bañado en vino y coñac) del fin de fiestas fue provocada por los eventos deportivos.
El sábado una vez liquidadas las perolas de rico astado nos fuimos a un bar a apalancarnos copa en mano viendo un sugerente programa doble: ESPAÑA - GRECIA (semifinal del Eurobasket) y VALENCIA - REAL VALLADOLID.
Con el primero de ellos (salvo 38 minutos en los que no pude prestar plena atención al partido, pues estaba evitando que se llevara a cabo una amenaza de suicidio al otro lado del Canal) sufrimos, con el segundo... pues nos lo tuvimos que imaginar ya que al final ni siquiera fue televisado.

Casi mejor, ya que perdimos y nos ahorramos sufrir viendo la derrota, en fin... nuestro gozo en un pozo, y la canasta... en el aro!!!
Los griegos en plan marrullero nos metieron el miedo en el cuerpo (con la ayuda de los árbitros) pero finalmente, y no sin sufrimiento, se impuso la lógica.
España tenía una cita obligada (a la que no podía faltar) con la final, y nuestra "amada" reina debería aguantarse y animar al país que le da de comer, no al que la vio nacer...

Mítico el grito que de repente enmudeció el bar: "NO SON SPANOULIS, SON HIJOS DE PUTA!!!" 
Ayer domingo en cambio nos las prometíamos muy felices para la final, sin embargo haciendo honor a nuestra celebérrima naturaleza hispano-fatalista, palmamos.
Siempre que vamos sobrados nos parten la cara y, por supuesto, no se puede perder de una manera normal, qué va... siempre de mala manera en el último instante, o de forma injusta... pero invariablemente a freir espárragos.

Tan sólo un par de horas antes, esa misma tarde, el equipo español de aquel deporte que practicaba "la panda de Julia" había ganado la medalla de oro en el campeonato de Europa, ante la misma Rusia... en Rusia.
Seguro que desde el Kremlin hubo una llamada a sus primos del baloncesto para vengar tamaña ofensa, porque hay que reconocer que ellos salieron a jugar con una intensidad muy alta, mordiendo en cada jugada.
Pero no busquemos aciertos rusos para justificar la derrota, más bien fijémonos en nuestros numerosos errores (que ya asomaron discretamente en la semifinal) pues resultaron fatales.
La nulidad en ataque de muchos de nuestros cracks (Navarro no encestó ni una, con eso se dice todo), la pésima dirección en los momentos cruciales (igual que en los últimos segundos contra Argentina en la semifinal del pasado Mundobasket, solo que ahora en vez de ver aliviados cómo fallan la canasta decisiva, nos ha tocado ver como Croatas y Rusos -dos de dos, Pepu- nos la metían in extremis ante el pasmo general, pero es que si les dejas tirar... es a lo que te expones!!!), la proliferación de famosetes gafes en el palco y zona VIP a pie de pista, etc...
Y la famosa maldición que persigue a nuestro deporte cada vez que somos favoritos de algo.

Aún sin dar crédito, una vez finalizado el partido regresé a casa por la noche, con mi camiseta de España un poquitito más devaluada, abatido tras otra nueva derrota en un campeonato internacional (cada verano se repite la misma cantinela deportiva, y ya van...), bajo el diluvio, con el cielo tronando y los feriantes martilleando al desmontar las casetas.
Fin de fiestas. Pobre de mí.