La Maldición de TUTANKAMÓN
Suelen decir los bibliófilos que pocos placeres hay en el mundo que superen el abrir (enfrentarse) un libro antiguo. Pasar las páginas de papel viejo, percibir las texturas, olores... un gozo para la vista y el tacto, dicen.
Pues bien, yo hoy en la oficina (incauto de mi) por razones de trabajo he tenido que consultar un tomo antiquísimo (uno de esos encuadernados y escritos a mano, con una letra propia de cuadernillo de caligrafía, con el canto y tapas bastante machacados) en busca de cierto dato aparentemente crucial para el desarrollo de mi tarea, y lo he hecho en un principio con la emoción propia de alguien sensible y consciente de que entre sus manos "unos cuantos años de Historia lo contemplaban..."
Pero nada más lejos de la realidad.
En lugar de ese cacareado "placer" lo que encontré al abrirlo fue una desbandada de microbios, ácaros, bacterias, bacilos, protozoos, (no descarto alguna cepa de peste bubónica), polvo inmemorial y toda suerte de elementos nocivos que comenzaron a revolotear a mi alrededor provocándome tos, llorera, un misterioso picor nasal... y más adelante cierto malestar estomacal acompañado de una intensa migraña.

No debí profanar la cámara funeraria del faraón Registrador, sin duda ha caido sobre mí la maldición de Tutankamón...
...sobreviviré???