La vez que me casé...
Estábamos de turismo en una de esas catedrales que, como cualquiera de las de Castilla y León (y probablemente del mundo entero), es más bonita que la de Valladolid. Tras recorrerla por dentro y una vez bordeado el altar mayor, nos plantamos delante del mismo, haciendonos un hueco entre los turistas.
Agarrándola de la mano, delante de la reja, le pedí matrimonio. "¿Me aceptas como esposa, a pesar de todas mis rarezas?"
"Yo te acepto (dijo), pero quiero tener el mando de la radio cada vez que pongas un CD, para pasar ciertas canciones de esas tuyas..."

Dicho y hecho: marido y mujer. Naranja y radiante iba la novia, yo de azúl riguroso.
Acto seguido la ceremonia. La comida a base de tapas, y reportaje fotográfico en un parque... con la "tarta".
Una contundente tarrina de medio litro de helado en cuya etiqueta rezaba "Chocolatísimo"... de la cual sólo puedo decir que hacía justicia a su sugerente nombre.
En medio de un parque suburbial vacio (lleno de muros decorados con graffittis), como si de dos heroinómanos azuzados por el mono se tratase, buscando un rinconcito apartado para inyectarnos la dósis, apoyamos el culo sobre el cesped, bajo un árbol... y armados de sendas cucharillas de plástico (robadas previamente del mostrador de una heladería de Centro Comercial) dimos rienda suelta a nuestra voracidad matrimonial, lo que el chocolate ha unido que no lo separe el hombre...

De repente, el milagro: de fondo comenzó a sonar un clarinete.
En un lugar aún más apartado que el nuestro se había situado un fulano, sólo, que comenzó a "ensayar" toda clase de melodías populares: zarzuelas, pasodobles, coplas, etc...
Ni corto ni perezoso levanté a mi reciente esposa del césped y perpetramos el baile nupcial. Un pseudo-vals delirante entre árboles, flores y aves que sin duda recordaba a cierta escena de "Bambi".
Tras el baile ya era oficial. Hasta que la muerte nos separe.
Más tarde vino el brindis, y los discursos... pero esa ya es otra historia.
P.D: Menos mal que no fuimos a Las Vegas, porque seguramente habríamos vuelto con un papel firmado...