Canción de Amor a Conchi
El diccionario definiría a Conchi como una compañera de trabajo, pero sólo asume esa condición por el mero hecho de sentarse en la mesa situada a mi izquierda. Ni sabe lo que es el compañerismo, ni colabora en tareas que no le atañen directamente. Conchi es mala. Conchi cada día desafía las normas más básicas de la estética con unos atuendos que parecen salidos de alguna bolsa de ropa de segunda mano procedente de Moldavia y destinada a la caridad para vestir a niños pobres de Cracovia... Combinándo sus prendas con el gusto propio de un ciego, luce modelitos que serían descartados en "Cuéntame", y su pelo (los pocos días que lo lleva peinado) es un homenaje constante a la Jackie Kennedy más desencajada y terrorífica que se pudo ver en Dallas cierto célebre día.
Conchi es una hortera. Su estilismo siguiendo a rajatabla los cánones de ALMACENES SEPU la convierte en una especie de pin-up kitsch retro marginal.
Conchi deja una estela de viento cada vez que se mueve, en su histeria, de acá para allá en la oficina, digna del "correcaminos".
Conchi es violenta. Jamás ser humano manejó una grapadora con semejante brusquedad, cada grapa que pone los sismógrafos reciben avisos serios de inminente corrimiento de tierra...
Conchi es una aberración. Ver como la emprende a golpes con la fotocopiadora cuando tarda más de la cuenta en expulsar los impresos que ha lanzado hace que me entren ganas de crear una Asociación Protectora de Aparatos de Oficina.

Conchi es fea de cojones. Nunca vi a nadie con aspecto tan similar a la "malvada bruja del Oeste", tono verdoso facial incluido... y unos granos en la barbilla como los de aquel villano de "Dune".
Conchi me odia. Cuando habla con todos les dedica la más amplia, falsa y esquizofrénica de sus sonrisas... a mí (si es que alguna vez no tiene más remedio que hablarme) solo me gruñe, grita, ruge, grazna o barrita... y con un gesto que dejaría en evidencia a la mitológica Medusa, haciéndola pasar por dulce.
Yo odio a Conchi. Lejos de enseñarme el oficio (como en su día le dijeron que hiciera) pasó olimpicamente de mi instrucción y lo poco que me contó más tarde acabó resultando erróneo o irrelevante.

Conchi da asco. Se quita las sandalias y con sus deformes pies juguetea con la serie de cables que abarrotan el suelo de la oficina... pero Conchi no se electrocuta, Conchi no se muere.
Yo tiro al suelo de Conchi mis grapas gastadas, a ver si con un poco de suerte pisa alguna, se le clava, y muere desangrada... engangrenada me basta.
Conchi es una hija de puta. Por culpa suya y de dos esquirolas más, que nunca bajan a tomar café... ese rato mínimo de descanso debe ser recuperado. Me imagino a Conchi vestida de cuero, con un látigo, dominante... gritando y aporreando.
Conchi es un robot. Su voz nasal y jerga ininteligible la declaran inepta para cualquier actividad extra-laboral. Puede que Conchi sea bollera, por la manera en que ahora se desvive enseñando a una nueva. Conchi esta mal follada.
Hoy he dado una hostia a Conchi. Según pasé detrás de su silla vi cómo se accionaba el resorte que de repente (sin previo aviso) la impulsa a salir disparada hacia algún punto de la sala... lejos de apartarme, me puse en su camino, levantando el codo, protegiendo el balón... Conchi se lo ha comido.
La "conchi de su madre"...