FUTURO SIMPLE
Hace un par de semanas me encontraba yo en un bar donde habitualmente tiene lugar una atracción ciertamente extravagante.
Junto a la entrada del local hay un hueco donde tiene montado su chiringuito una especie de pitonisa (uniformada de zíngara trasnochada de la cabeza a los pies) que te lee el futuro si acudes con un ticket previamente obtenido en barra tras tomar alguna consumición valorada (como mínimo) en 6 euros.
Mis amigos pidieron el ticket y probaron suerte.
Yo no fui... y no solo por considerar dicho asunto una completa gilipollez, sino porque tan solo unas pocas horas antes, en Ávila, tuve la oportunidad de contemplar el futuro, mi futuro... a pelo y sin anestesia.
En el curro tuve una visita en una casa bastante destartalada y abandonada, el timbre de la puerta ni sonaba... tras oir como las llaves daban varias vueltas en la cerradura desde dentro, un hombre abrió la puerta. Ese hombre era yo, dentro de 30 años... (si es que llego)
Lo primero que me dijo fue que "
estaba atravesando un momento difícil en su vida"... "ya somos 2", pensé.
El hombre estaba jubilado, vivía solo (sin hijos, mujer ni familia), con la única compañía de un perro raquítico y de aspecto tristón. Durante nuestra conversación dejó claro que la suya había sido (hasta la fecha) una existencia vivida en la más absoluta soledad, tan sólo acompañado por sus montañas de libros, discos y DVDs.
Me comentó un par de anécdotas de su vida con las que me sentí plenamente identificado (llegó un punto en que eso parecía una entrevista del Quintero) y no pude evitar sentir un escalofrío al salir de su casa.
La mano que estreché en el umbral de su puerta antes de salir a la calle no era otra sino la mía, dentro de tres décadas.
No necesité sentarme delante de la pitonisa para que me dijera cuatro bobadas sobre la salud, el trabajo, el dinero y el amor... lo que está por venir ya lo sé de sobra: lo he visto.
Más vale que empiecen a gustarme los perros...