VENDIMIA 6: Primeros amagos revolucionarios
Ayer volví tan deslomado de la vendimia que no tuve fuerzas para escribir ni una sola línea sobre la jornada. Hoy trataré de hacer doblete y poner al día la cuestión.
Fue un lúnes infrahumano que amaneció con bastante frío (8 grados marcaba el termómetro del puente camino del curro) y concluyó con un retorno al verano, que ya creíamos finiquitado tras este tormentoso fin de semana.
Para empezar fuimos a unas tierras apartadas del mundanal ruido, sobre un terreno pedregoso (más propio de una cantera que de una plantación de uva) y, lo mejor de todo, SIN AGUA.
Los linios de cepas eran muy largos y segun avanzaba la mañana el sol asomaba implacable, y nuestra sed aumentaba. A la paliza que nos estábamos dando hay que sumarle 5 horas sin beber.
Asumí el mando de la situación y comencé a recitar en voz alta todos y cuantos artículos recuerdo de la DECLARACIÓN DE DERECHOS DEL HOMBRE Y EL CIUDADANO.
Cuando finalmente apareció alguien con una garrafa nos tiramos por ella con la misma ansiedad que los niños que acompañaban a Lawrence de Arabia tras cruzar el desierto del Nefrud.
A la hora de la comida (nuevamente bocata bajo un árbol, sentados sobre piedras) tuve que aguantar como mis compañeros se tiraron una hora hablando sobre juegos de la playstation y los diferentes modelos de consolas.
"Perdonad (les interrumpí mientras comía un filipino de postre), ¿cuál es el último libro que habeis leido?"
Solo uno de los presentes reconoció leer. Libros de Dan Brown, pero libros al fin y al cabo... no todo está perdido.
Tras la hora de "presunto descanso" en la que realmente no descansamos nada, consideré la posibilidad de llenar mis bolsillos con unas cuantas de las piedras ahí presentes, por si acaso sufríamos un trato inhumano más y arrojarlas sobre el cráneo de aquel que atentase contra mis derechos más elementales.

Sin embargo seguí el ejemplo de mi ídolo musical: PRINCE.
Cuando a mitad de los 90 quiso romper el contrato que le ligaba a una multinacional discográfica (por considerarlo abusivo) y recibir la negativa de la compañía, optó por aparecer siempre en público con la palabra SLAVE (esclavo en inglés) pintada en la cara... hasta que le dejasen por fin libre.
Ayer agarré el boli de mi mochila y me pinté la palabra "ESCLAVO" en el brazo, bien visible entre los múltiples arañazos.
Acabamos la jornada como buenamente pudimos.
Un par de chavales (a pesar de su aspecto fornido y atlético) se arrastraban hacia el carromato con las mismas maneras de los zombies que durante la comida aseguraban matar a los mandos de la "play"...
Nada más llegar a casa quedé con un par de amigos esquiroles de la vendimia, que este año me ha dejado sólo en la labor evangélica... tuvieron el detalle de invitarme a una caña en una terracita mientras se burlaban de mi aspecto embrutecido, mis espasmos lumbares... y mi bronceado "por sectores".
Fue el único buen momento del día. De ahí...a la cama